9 de Mayo 2004

En el Dina

Tiempo hacía ya que no me iba a dormir un sábado a las siete y media de la mañana, de día y tambaleándome por el pasillo de casa de mis padres. Y no por falta de ganas o de resistencia, sino por falta de compañía. En Castellón se ha impuesto una dinámica festiva que acaba a las cinco de la mañana (como muy tarde) dentro del casco urbano. A partir de ahí, las opciones son pagar por entrar en discotecas fuera de la ciudad o ir a casa de alguien a acabar la fiesta en paz, no vaya a ser que los vecinos tengan algo que decir. Pero no importa porque últimamente a las cinco de la mañana ya quedamos cuatro gatos en El Lugar Antes Conocido Como Arena y, cuando dejan de servir en la barra, las perspectivas de continuar la fiesta menguan horrores ante el cansancio general y la falta de disponibilidad de alcohol. No sé si es por cansancio tras una semana de trabajo, por PlayStations y partidas de rol, por pura desidia o por la inminencia de la crisis de los treinta. O por todo un poco. Pero de un tiempo a esta parte hemos pasado de ser Horda invade-garitos a simple Grupo de Infiltración. Y muchas veces, a partir de las cinco, ni eso.

Por esa razón se agradece que, de vez en cuando, haya alguien dispuesto a salir en busca de tabaco a las seis de la mañana y a acabar tomando cervezas con un servidor en el único bar (bar de verdad, nada de cafeterías o panaderías) abierto a esas horas: el Dina. Debía hacer meses que no pasaba por allí. Abuelos, un hombre de mediana edad jugando a la tragaperras después de tomar unas barretges, más abuelos y otra mesa con despojos de la noche castellonense. Borrachos jóvenes, por decirlo de otra manera. Y nosotros, con ganas de hablar y la boca seca por la escasez de cerveza sufrida últimamente. Las tapas allí no están mal si no tienes demasiadas manías, pero nos contentamos con reirnos de lo que se ponga por delante, beber cerveza a euro y concluir que los amaneceres son mejores desde un bar con ventanas que por sorpresa al salir de un tugurio oscuro, y que mañana llegaremos tarde a la torrà de sardinas que hay planeada a mediodía. Incluso tolero que comparen mis reflejos mentales con los del camarero del bar, cuyos circuitos tardan dos segundos en hacer llegar una orden simple ("una cerveza, por favor") del oido al cerebro. Así de contento estoy.

El Dina, con sus abuelos y sus camareros, demuestra cada sábado y domingo por la mañana que no hay edad para tomarse una cerveza de buena mañana, hayas dormido o no. Y a la crisis de los treinta, que le den bien dada.
 

Imagen que no viene a cuento:

Explicación del Mozilla de lo que son las cookies

Unos cachondos, estos del Mozilla Firefox...

 

Enviado por Manu, 9 de Mayo 2004 a las 07:00 PM

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