25 de Mayo 2010

Pajillas mentales: La Virgen de los Aniones

El sábado por la tarde tuve una revelación mística. No pretendía más que coger un tren, pero cuando salí de casa encontré pegada la siguiente serie de carteles en la cristalera de la panadería de abajo:

Carteles de la panadería: vírgenes, iones y mosquitos
 

Así, uno al ladito del otro. Lo cual desde el principio tuvo todo el sentido del mundo, porque es igual de fácil que te mejore el equilibrio y la fuerza un milagro de la Virgen María Auxiliadora -con tantas encarnaciones distintas me recuerda a los Pokémon- que los iones negativos, con los que todo el mundo sabe que el cuerpo jamás entra en contacto por sí mismo a no ser que uno se compre un reloj de iones a propósito. Curiosamente, entre los tres carteles, del que más me fiaría es del tercero, el de las pulseras antimosquitos, y eso que cuando probé los efectos de la citronela en forma de cirio tampoco es que fueran para tirar cohetes.

En todo caso, los dos carteles tan juntitos me hicieron ver la luz sobre un tema que no acababa de comprender: por qué es legal vender pulseritas con hologramas, engañando a los clientes acerca de sus increíbles efectos, y en cambio te detienen si practicas el timo de la estampita, por mucho que en el fondo también estés intentando convencer a alguien de que tu boleto tiene unas propiedades que finalmente (después de que te lo pague) se revelan inexistentes. No veía sentido a la distinción entre una estafa y otra, al margen de que los negocios Power Balance declararán aunque sea algo a Hacienda, supongo yo.

Ahora todo encaja. La diferencia es que los relojes de iones, las pulseritas, los remedios homeopáticos, tienen apariencia legítima. Los lleva y los usa gente famosa, se anuncian como es debido en prensa, no te los intenta colocar en la calle un tipo de aspecto turbio. Así, para Consumo es más fácil hacer como quien oye llover y mirar hacia otro lado. Porque claro, en el momento en que empezaran a ser consecuentes y perseguir por estafa cualquier actividad lucrativa basada en el engaño, la lógica inexorable o bien la jurisprudencia los acabarían llevando a perseguir a la Virgen de la Cabeza (recuerda: ¡hazte con todas!), a los curas que pasan el cepillo en misa, al Papa de Roma como líder de una gran trama fraudulenta piramidal y a la paloma que los cagó a todos. Y como consecuencia inmediata, casi a modo de corolario, habría que procesar al mismísimo estado por financiar año tras año sus actividades fraudulentas. De este modo, la Santa Iglesia solo se come marrones cuando monta jaleos gordos, como lo de Cajasur de estos días, y no por su misma esencia estampitera.

Por tanto, relojes de iones legales por los siglos de los siglos. Porque lo contrario sería invertir el Orden Natural De Las Cosas.

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10 de Diciembre 2009

Pajillas mentales: Excomunión facilita

Mi antiguo instituto de bachillerato guardaba un secreto que, puto destino, tengo que descubrir lustros después de dejar de estudiar allí, gracias a una foto que subió ayer Bolingo a Caralibro:

Excomunión
 

También es posible, claro, que algún bibliotecario se aburriera mucho y decidiera currarse un cartelito coñón. Pero supongamos que es cierto, y que robar libros de la biblioteca de mi instituto supone la excomunión automática hasta que el libro robado vuelva a su estantería. Para que la baja fuera permanente, habría que mangar un libro cualquiera (esta es la parte fácil) y luego asegurarse de que nunca, nunca hasta el momento de nuestra muerte, haya forma de que nadie localice ese libro y pueda obligarnos a devolverlo.

Una opción es quemarlo, pero no tiene mucho sentido salirse de los registros de la iglesia recurriendo a antiguas prácticas de la propia institución católica. Además, está feo destruir libros. No. Habría que contratar una caja de seguridad en algún banco, preferiblemente suizo, desplazarse hasta él (avión, fronteras, alojamiento) y depositar allí nuestro libro robado para no retirarlo jamás. La cosa se complica.

Pero por desgracia, este método sigue siendo más fácil que apostatar por los cauces oficiales. Así que, sintiéndolo mucho, no revelaré la situación de mi antiguo instituto, ya que su biblioteca forzosamente debe contener una cantidad finita de vales para la excomunión.
 

Enviado por Manu, 4:00 PM | Comentarios (5)
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21 de Agosto 2009

Pajillas mentales: The Tex Mex Paradox

Supongamos que hay dos individuos charlando en un pub heavy, a quienes llamaremos el Chino y Tex Mex, o Texas por simplicidad. Supongamos que están hablando de sus cosas, tú te inmiscuyes en su conversación y entonces Texas se vuelve hacia ti y te dice:

No estoy hablando contigo, estoy hablando con él.

Texas acaba de incurrir en la Tex Mex Paradox (el nombre es en inglés para que resulte comprensible a investigadores de otros países y porque me gusta como suena). Es indiferente que esté mirándote a ti o no. Si te decía a ti esa frase, afirmaba estar hablando con el Chino. Si se la decía al Chino, afirmaba estar hablando contigo. Paradoja por delante y por detrás, como sé que os gusta.

Que en ese momento estuvierais bebiendo cerveza Duff y que Texas no fuera demasiado consciente de sus afirmaciones son hechos irrelevantes a efectos de nuestra discusión. Los bares heavys son un excelente campo de cultivo para las paradojas.

Imagen que no viene a cuento:

Vampiratas, de Justin Somper

¿Esto es en serio?

 
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18 de Junio 2009

Pajillas mentales: Aborto a la objeción

Creímos que no pasaba nada. De algún modo, cuando los obispos llamaron a la insumisión quirúrgica en las clínicas abortistas, sabíamos que la ley debía actuar contra ellos. Acusarles de incitación a... algo. A la negligencia médica, o a poner en peligro la vida de mujeres embarazadas. Era a algo así, seguro. Estaba en el código penal, pero la última copia conocida se quemó en 2026. Sin embargo, tampoco entonces recurrió nadie al código penal, y cuando la iglesia dio el pistoletazo de salida elogiando a los médicos que se negaban a practicar abortos, animando a todos a hacerlo y amenazando con excomulgar a quienes no se plegaran a sus exigencias, no se actuó. Y fueron pocos quienes se echaron las manos a la cabeza. Nada: otra salida de tono como las de siempre, una chorrada más de los obispos, gilipollas los hay en todas partes. Poco podíamos imaginarnos, en aquel casiverano de 2009, lo que se nos venía encima.

Los primeros en darse cuenta de las posibilidades fueron los de la Sociedad Tolkien. Se registraron como religión y, tras pasar unos años asistiendo a cursos de relaciones públicas y construyendo smials donde aleccionar a sus fieles, no lograron por poco que el estado les financiara, pero sí que los suficientes lectores siguieran su llamada a objetar contra toda palabra que no hubiera escrito el autor de El señor de los anillos. No acabaron con la literatura, claro, pero si la iglesia ya había sembrado el campo con lo del aborto, ellos lo abonaron. Otros muchos vinieron después. Los Auténticos Gafapastas Reformados, por ejemplo, arremetieron contra el rock. Los poderosos Amish llamaron a la objeción activa contra toda tecnología, en especial la de comunicaciones. Cantaron sus loas a los técnicos que, equivocándose a propósito, dejaban grandes zonas aisladas del mundo. Excomulgaron a los que no. Cuando quisimos darnos cuenta, ya era demasiado tarde para actuar: todos utilizaban como excusa que un obispo había soltado una burrada mucho más tremenda en 2009 y allí no había pasado nada. La justicia cayó, presa de sus propias omisiones, su clientelismo y su desidia.

Y así, poco a poco, lustro a lustro, el planeta regresó a la Edad Media. La miríada de cultos que surgió a la estela de los católicos no destruyó nada por completo: se siguieron practicando abortos, la gente siguió escribiendo (y sorprendentemente, también siguieron apareciendo libros de Tolkien). Pero lo que sí fueron logrando es que, a base de tanta objeción a los derechos básicos, de tanta mierda echada sobre todo lo que oliera bien, la humanidad se estancara y finalmente empezara a retroceder. Lo cual, por supuesto, era el objetivo de la iglesia desde el principio.

Heme aquí, pues, utilizando los últimos restos de tinta sobre el planeta (desde que los Cthulhuideos Adventistas llamaron a la objeción activa de los barcos calamareros) para dejar constancia escrita de nuestra historia reciente. No sé si saldremos de este lance como especie pensante, pero en caso afirmativo sirva esta crónica como advertencia si alguna vez ocurre de nuevo algo parecido a lo de aquel casiverano de 2009. Si la fiscalía –cualquier fiscalía– puede actuar cuando alguien levante la voz en favor de la mala praxis médica, por favor que no dude ni un instante en hacerlo. La alternativa es mi mundo.

Y jodeos, tolkienianos, que las últimas palabras escritas sobre la faz de la tierra son mías.
 

Enviado por Manu, 4:17 PM | Comentarios (6)
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18 de Febrero 2009

Pajillas mentales: El Viña sin heavy

El cartel del Viña Rock 2009 salió hace un par de días. Faltan algunos grupos por confirmar, pero a grandes rasgos es el siguiente:

Cartel del Viña 2009

Se puede ver en grande en la web del Viña... cuando funciona.

A primera vista, es posible que lo que más llame la atención de él sea el concierto de Rosendo, Barricada y Aurora Beltrán juntitos el jueves, que sin duda será de lo mejor del festival. Pero tampoco cuesta demasiado fijarse en la noticia gorda en esta edición, escondida a simple vista: no hay escenario heavy. Ni Metalmorfosis, ni New Rock, ni Senheiser, ni nada de nada. Este año no hay heavy en el Viña.

En los foros de ManerasDeVivir.com se preguntan: ¿Cagada de la organización o sabe perfectamente lo que hace?, y no han hecho falta ni dos entradas para que la discusión se centrase en los motivos que puede haber tenido la productora, Sr. Naranja, para eliminar un escenario. En otras palabras, no han hecho falta ni dos entradas para descartar que la organización simplemente la haya cagado bien cagada. Y es lógico: a nadie le entra en la cabeza que una compañía seria –léase: productiva– pegue tal tijeretazo sin haberlo estudiado un poco antes.

A simple vista, razones no les faltan. Cada año hay más gente en el escenario de hip hop y en el buenrollista. El hip hop es un mundo aparte y me imagino que la empresa ha visto claro que compensa mantenerlo en cartel. Además, no molestan. Pero el concierto gafapasta y el heavy se excluyen mutuamente: quien frecuenta uno por lo general ni pisa el otro, aunque puedan coincidir en el escenario principal. Por eso la organización lleva bastantes años programando sus actuaciones simultáneamente, alternando ambas con la del escenario central para que unos y otros puedan confluir allí y luego marcharse por su lado. Supongamos que, por lo que sea, queremos eliminar uno de los dos. Cualquier analista echaría un vistazo a las cifras y opinaría lo mismo: el buenrollismo está de moda y crece, mientras que la trallita buena... dejémoslo en que no tanto. Además, parte de los parroquianos seguirá viniendo a ver a Los Suaves y S.A., cosa que no se daría barriendo del cartel a Macaco, El Bicho, Chambao y Ojos de Brujo. No puede estar más claro.

Pero a estas alturas no debería hacer falta recordar la obviedad de que las pollas no son duras o blandas, y que a esos hechos pueden añadírseles otros que difícilmente caben en un estudio de mercado pero podrían ser determinantes. Vamos, que a lo mejor no está dura del todo, sino solo morcillona. Y morcillona no vale para tanto. Tal vez, solo tal vez, no hayan tenido en cuenta que los heavys beben más que los buenrollistas. Lo siento en el alma, pero aparte de ser algo evidente, es un hecho apoyado en la ciencia: es posible hacer cuernos y head-banging mientras se sostiene un litro de cerveza, pero no se puede mover las manos de lado a lado sobre la cabeza sin destrozarle el peinado megachuli a esa chica tan guapa que se sabe todas las canciones. (No suele ser una gran proeza mental, por cierto.) Y una parte importantísima, crucial, de los beneficios del Viña son las barras. No sería descabellado estimar que cada heavy vale por cuatro modernitos ante la taquilla de los tickets. Aun considerando el efecto tampón de que ambos han pagado ya su entrada, de dos o tres gafapastas por cada greñudo no baja la cosa. Y del hip hop ya ni hablamos. ¡Si hasta hay raperos abstemios!

Además, Muchachito y El Bicho pasarán. Barón Rojo debería haber pasado hace veinte años y aquí sigue. Aparte de la razón evidente para esto (que los Barón son buenos), no sé si Sr. Naranja habrá tenido en cuenta que el heavy medio es un ser fiel. Si algo le gusta, le sigue gustando y lo sigue siguiendo. De cara al futuro no está tan claro que los muevemanos sean un público de fiar; en cambio, mantener una audiencia que no ha fallado en lustros podría haber sido mejor maniobra a largo plazo. Sí, posiblemente la organización confíe en su cintura y en saber captar la nueva moda intelectualoide cuando cambie. Pero no veo a Pitingo en el cartel por ningún lado, y me juego euros contra pipas a que en cinco años Bebe no tiene ni la cuarta parte de público que Rosendo.

Y por último, el Viña no está solo en su oferta. Hay algo de competencia en el espectro festivalero del rock, y poco dinero en los bolsillos para estar a todas. La productora puede abaratar costes eliminando el escenario heavy y dar un buen pelotazo económico porque, aunque se haya visto el pastel relativamente pronto, la gente da por hecho que el próximo Viña será más o menos como el anterior, que me lo pasé de puta madre, así que ya tengo comprada la entrada. Pero si te cargas sin miramientos la razón de que la gente compre sin haber visto el programa, buena parte de ellos no lo hará el año que viene.

Por eso espero que, en realidad, sea cierta la teoría del «la han cagado» que tan rápido se descarta por todas partes, supongo que por pesimismo. Y espero que rectifiquen a base de bien el año que viene, con un cartelazo de aúpa. De verdad creo que más les vale.
 

Enviado por Manu, 3:56 AM | Comentarios (9)
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6 de Febrero 2009

Pajillas mentales: Guardando las formas

Hartito me tienen unos y otros ya. Cada dos por tres algún medio informativo se descuelga con una pieza sobre lo peligrosísimas que son las redes sociales, lo mucho que se engaña a los niños y, sobre todo, los despidos y el caos social que causan con la pérdida de privacidad, y lo fácil que es para un jefe averiguar los detalles escabrosos presentes en la vida de sus subordinados. Y cada vez que aparece una noticia de ese estilo, salta la Horda Bloguera Cool 2.0TM para reaccionar cantando maravillas del Facebook y el Tuenti, poco menos que animando a todos los papás y mamás a crear educativas e imprescindibles cuentas en Badoo para sus peques, no vaya a ser que se queden atrás y no se los considere chiquillos interactivos. Mil veces se ha dicho que ni una cosa ni la otra. Y mil veces más se dirá. Pero en el fondo da igual: en el fondo todo se reduce a que quien suba sus fotografías personales a internet sin preocuparse de quién podrá verlas después no puede ni siquiera reclamar el maldito derecho al pataleo. Está muy bien compartir unos detalles personales con los amigos, pero unas plataformas son más seguras que otras, unas más configurables que otras y unas más populares que otras. Y subir una foto comprometida a Facebook después de agregar a tu jefe como amigo es llamar al mal tiempo.

Pero cualquier red social de internet tiene unas opciones de privacidad relativamente fáciles de encontrar. Por muy de ratón ligero que seamos, cuesta bien poco darse cuenta de que abrir nuestras imágenes privadas a todo el que quiera verlas no es una maniobra precisamente inteligente. Y no dedicar ni un minuto a estudiar quién va a tener acceso a lo que decidamos subir a la nube es de... bueno, de usuarios descuidados. ¿Las opciones de privacidad podrían estar mejor definidas por defecto? Claro que sí. Y ya puestos, también podrían trocearnos el filete y recoger la mesa después de que comamos, pero la cuestión no es esa. La cuestión es que hay que ser mandril para publicar abiertamente el calvo que hiciste aquella noche que ibas borracho en Teruel si no quieres que lo vea tu jefe, a quien alegremente diste permisos absolutos para meterse hasta la cocina en tu vida con un clic del ratón. Igual que hay que ser mandril para twittear el PIN de la tarjeta de crédito, o para dar tu dirección y la próxima fecha en que sales de viaje al primero que te llame por teléfono, o para presentar tu inocente sobrinita a Rocco, o para hacer una hoguera si estás infiltrado en territorio enemigo. El caso es que nadie nos obliga a liberar la llave de nuestra intimidad en internet. Quien, pese a todo, lo haga, que apechugue con las consecuencias. O al menos que no berree tan alto, que ya molesta.

Dicho esto, queda otra cuestión más importante. Y es que, con tanta red social y tanta gilipollez interactiva, está hinchándose muchísimo la confusión entre la vida profesional y la privada, entre el tiempo que uno vende (y del que, por tanto, se le pueden pedir cuentas) y el que conserva para sí. Que un mozo de almacén se divierta enseñando el culo en las fiestas de Teruel no significa que necesariamente vaya a hacerlo también mientras descarga los camiones con el torito en su horario laboral. Que yo me cague en casi todo lo que se menea no significa que no pueda ponerme delante del ordenador y traducir como si no hubiera mañana. Pero a los redactores de noticiario les parece lo más normal del mundo que cualquier departamento de Recursos Humanos se dedique a hurgar en la vida privada de sus trabajadores, una vida sobre la que –de momento al menos– no tienen ningún derecho, o que las empresas despidan o dejen de contratar empleados en función de cómo utiliza cada cual su tiempo libre. Contratar detectives está mal visto, pero cotillear en Tuenti no. Por poner un ejemplo utilizando a la clase política, los presentadores de telediario se hinchan a hablarnos del divorcio de Cascos o de si Aznar le pone cuernos a su señora, pero casi ni siquiera comentan de pasada lo mal que tienden a guardar las formas todos durante el tiempo que les pagamos nosotros, y sobre el que (por desgracia) solo rinden cuentas cada cuatro años, y mal rendidas. Nadie se escandaliza demasiado por el ridículo patio de colegio en que se ha convertido la Comunidad de Madrid, espías de pacotilla incluidos, ni por la reciente bajada de pantalones del Gobierno ante el Vaticano y la Banca, cuando ambos hechos son de juzgado de guardia. Pero ojo, que nadie prive a Matías Prats de contarnos la última chorrada protagonizada por la Bruni y el Sarkozy.

Si no fuera porque tocamos a tan poco jefismo por habitante en edad electoral, desde la posición directiva que teóricamente me garantizan las urnas querría poder obligar a nuestra clase política a dejarse de gilipolleces desde el momento en que fichan hasta que se van a sus casas. Que se dediquen a lo que supuestamente deben dedicarse, que es servir al ciudadano, y que no se degraden a sí mismos y a nosotros el 80% del tiempo entreteniéndose en sus juegos banales. Y después, si cualquier sábado por la noche Esperancita y Zapatero quieren bailar la conga, desnudos y drogados hasta las cejas mientras suena King Africa, por mí que lo hagan. Y si luego quieren subir las fotos a Flickr para regocijo de propios y ajenos, yo estaré encantado de la vida.

Imagen que no viene a cuento:

Paloma rastafari en Valencia

¡Malditos vándalos rastafaris!

 
Enviado por Manu, 5:32 PM
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28 de Enero 2009

Pajillas mentales: El Padre Sonrisas y las gallardas

Leo en Público, antes de irme al sobre, que en la página web Catholic.net hay un artículo que equipara el hábito masturbatorio con la adicción a las drogas. Por mi parte el tema iba a quedarse en sonrisa y twiteo, que tampoco me gusta palmear demasiado las soplapolleces episcopales, pero ya a punto de cerrar la noticia me he fijado en que el ensayo católico en cuestión está escrito por el padre Loring, jesuíta famoso por sus descabelladas apariciones televisivas que a veces recoge El Intermedio, y que le han ganado el cariñoso mote de «Padre Sonrisas». Sabiendo que todo lo que sale de labios de este gurú de los tiempos modernos es digno de comentario, no me he podido resistir a convertirlo en entrada completa. Y si no convence como motivo suficiente, ahí va un vídeo cortito de su programa. (Lo mejor está cuando empieza a hablar de neandertales.)

Me permito, pues, resaltar algunas perlitas del artículo Adicción a la masturbación que ha pasado por alto el redactor de Público:

El vicio de la masturbación es causa de muchos fracasos en los estudios y en el deporte. Esto lo saben muy bien los estudiantes y los deportistas.

Este párrafo destila una noción tan profunda e intrincada en sus magras veintisiete palabras que no me siento digno de comentarlo siquiera.

La masturbación puede llegar a ser algo obsesivo en la persona. [...] Conozco casos de matrimonios fracasados porque uno de los dos, esclavizado por la masturbación, se negaba a las naturales expresiones de amor dentro del matrimonio. [...] Todos los médicos están de acuerdo que cuando la masturbación es frecuente, conduce a la neurastenia.

La neurastenia, niños y niñas, es una enfermedad mental consistente en experimentar un cansancio injustificado después de un esfuerzo intelectual. De las palabras del padre Loring parece deducirse, en consecuencia, que zarandear a Miniyo se considera una actividad digna de la medalla Fields, el no-Nobel de las matemáticas, a ojos de los jesuitas. Señores del jurado, cuando lean estas palabras sírvanse incluirme entre los candidatos a la próxima medalla: muchas variedades diferenciales no sabré, pero me controlo el ritmo que da gusto. Bien es cierto que, salvo alguna molestia muscular aislada en los días de mayor inspiración deductiva, no reúno los síntomas de la neurastenia y tal vez no sea digno del galardón, pero nos darían una alegría al padre Loring y a mí, y además me sé de cierta doctora albaceteña que se subiría por las paredes si me viera luciendo la medalla Fields al cuello por desembozar la pileta.

Estas partes del cuerpo deben respetarse con delicadeza, y sólo tocarlas por necesidad, limpieza, higiene, etc. Pero nunca tocar estos órganos sólo por gusto. Con eso no se juega.

[...]

Pero no has de considerar pecado todos los tocamientos en tus órganos genitales. Pueden ser pecado los tactos encaminados a excitar el placer sexual; pero otros actos que se hacen por necesidad o por higiene, no son pecado alguno. Y en las conmociones orgánicas que sientas involuntariamente, reprime el consentimiento, y en paz. No has pecado contra la pureza. Aprende a distinguir entre el sentir y el consentir. Puede ser que a veces sientas movimientos contra tu voluntad en tus órganos genitales. Acostúmbrate a prescindir de esas sensaciones.

Posiblemente el padre Loring haya concentrado en los sanísimos consejos de su último párrafo la sabiduría de todas las fuentes citadas en su artículo, que incluyen a profesores universitarios –de instituciones católicas, por supuesto, nada de esos rojeras proonanistas por los que las universidades laicas parecen manadas de bonobos–, conferenciantes de los años setenta y la mismísima editorial del Vaticano. Para que luego digan que el hábito (de hablar de la masturbación al menos) no hace al monje.

Estimadas lectoras, permítanme que concluya sumando mi voz a la del Padre Sonrisas, prócer a escala planetaria, y advirtiéndoles contra la calamidad: si han sentido ustedes movimientos contra su voluntad en los órganos genitales al leer esta entrada mientras me imaginaban desnudo escribiéndola, como sé que hacen siempre, quédense tranquilas sabiendo que no han pecado contra la pureza, pero repriman el consentimiento. Que tampoco soy tan difícil de localizar y les escribo tres sin sacarla.
 

Enviado por Manu, 4:17 AM | Comentarios (4)
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13 de Noviembre 2008

Pajillas mentales: Echarle horas

Monumento a los mártires de Haymarket, ChicagoPensaba yo que la jornada laboral de ocho horas al día, cinco días a la semana, había sido un logro social de cierta magnitud. Digo "cierta" porque cuarenta horas siguen pareciéndome una aberración en términos de tiempo de vida. Incluso la propuesta que se puso de moda hace unos años, la de reducirla a 35 horas, no me parece aceptable a menos que la gente esté disfrutando mínimamente con su trabajo; sigue siendo inhumana para el resto. Pero basándome absolutamente en nada (no me había molestado en mirarlo), por alguna razón tenía metida en la cabeza la idea de que los sindicatos habían luchado a brazo partido hasta que, en algún momento indeterminado del pasado, obligaron a los empresarios a ceder: ¡La estrategia de la huelga japonesa ha fallado, así que nos toca ir a las barricadas, hermanos! ¡Mierda para el empresario!

Y es cierto que algo de eso hubo. Bastante, más bien. Con muertos y todo. Así que mi intuición original no iba desencaminada, al fin y al cabo. Pero me ha sorprendido descubrir que, aunque los movimientos obreros ya reclamaban las 40 horas a finales del siglo XIX, las grandes empresas solo empezaron a adoptarlas en masa después de darse cuenta de que, coño, les salía rentable. En la primera década del siglo XX se publicaron distintos estudios que demostraban algo obvio para cualquiera con dos dedos de frente: un trabajador cansado rinde menos. Y no solo eso, sino que también la caga más. En términos empresariales, trabajar demasiado afecta negativamente a cualquier tipo de producción, aunque los efectos son más acusados en la intelectual que en la física. Esos estudios y otros que les siguieron acabaron hallando la milagrosa cifra mágica, el cero en la primera derivada, el punto G de los patronos: 40. Ese es exactamente el número de horas semanales que optimiza la producción de un trabajador. Con 40 horas se cansará y odiará la vida, pero no lo suficiente como para perjudicar su rentabilidad, que es lo que interesa. Y así, en 1926 Henry Ford estableció en sus fábricas el modelo que más le convenía y que, de rebote, dejaba tiempo a sus trabajadores para que consumieran y así el dinero fluyera de vuelta a sus legítimos propietarios. Casualmente también era lo que las organizaciones de trabajadores pedían, aunque por razones completamente distintas. No importa. La medida de Ford y el hecho de que los demás empresarios, que no se habían parado a sacar estadísticas, se le pusieran automáticamente en contra lo convirtió en un héroe popular. Y el resto es historia, como si todo esto no lo fuera bastante.

A lo que voy es a que, si bien es cierto que las 40 horas fueron un logro, también lo es que fueron un logro consentido. Si el tope de productividad estuviera en 72 horas repartidas en seis días, probablemente esa seguiría siendo la media a fecha de hoy. Después de enterarme de esto, me he dado unos pocos cabezazos contra el teclado por no haber pensado antes algo tan obvio como que no se estaría haciendo si no conviniera económicamente. A continuación mi cerebro me ha hecho la jugarreta de recordar las maravillosas y justísimas medidas que hasta ahora han tomado los gobiernos contra la actual crisis: básicamente, transferir nuestros impuestos a los bancos. Por último me he quedado un momento quieto, he encendido un cigarro y he decidido escribirlo. Y ahora creo que dejaré pasar algún tiempo antes de investigar otros logros sociales de la humanidad, que con la de curro que tengo encima solo me falta deprimirme.

Imagen que no viene a cuento:

¡Aviso!

 
Enviado por Manu, 11:03 PM | Comentarios (3)
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10 de Noviembre 2008

Pajillas mentales: Buenrollismo en el móvil

Hoy me ha llegado la última factura de Yoigo a casa, e incluía el siguiente texto:

Hola Manu,

Verdaderamente nos da mucha rabia que te vayas, porque estamos trabajando un montón para ser la alternativa a los demás operadores móviles y estamos totalmente convencidos de que una tarifa barata y sencilla, y una comunicación clara, sin letra pequeña ni trucos, es lo que necesita la gente.

Pero para los gustos se hicieron los colores, no podemos ser la mejor opción para todos. Y este ha sido tu caso.

¡Ah!, no somos nada rencorosos, por supuesto si algún día quieres volver a Yoigo llama gratis al 800 602 800.

Un saludo y muchos gracias.

Es posible que la redacción se pase un poco de amistosa para venir de una gente que no conozco de nada, pero lo que dicen, a grandes rasgos, es cierto. No ha habido ningún problema serio con Yoigo, y me impresionó la rapidez con que se solucionó el único asunto que tuvimos, cuando me cargaron seis euros de más al pasarme de tarjeta a contrato. En esa ocasión llamé a atención al cliente y me conectaron inmediatamente con alguien del departamento de facturación, a quien ni siquiera tuve que volver a explicar el problema.

Las tarifas son económicas y, sobre todo, cómodas: nada de "por cada llamada que hagas durante un eclipse lunar en meses impares, te damos un 34% de descuento en los próximos trece mensajes que envíes a operadores con tres siglas, IVA no incluído". No. Mismo precio a cualquier hora, cualquier día. Mismo precio para tarjeta y contrato. En breve, no hace falta que pienses en tu móvil más de lo estrictamente necesario.

Para esta última factura ni siquiera me han aplicado el consumo mínimo de seis euros mensuales que ya venía dispuesto a pagar. Y si me he largado, de hecho, ha sido simplemente porque me mangaron el teléfono a finales de verano y no estaba dispuesto a gastar dinero comprando uno nuevo, ni tiempo liberándolo. Y así se lo habría explicado al empleado que intentó contactar conmigo si –el único pero que les pongo– no lo hubiera hecho ocultando su número. Nunca cojo el teléfono si la llamada no va con la cara por delante; tiendo a pensar que, sea quien sea, no querrá nada bueno.

En el otro lado del espectro encontramos a casi todos los demás operadores, por no decir todos directamente. Tarifas complicadas, caras y expresamente mal explicadas en sus páginas web. Una atención al cliente semirrobotizada cuyo único objetivo es marear. Teléfonos preprogramados para conectarse a internet con el más mínimo error al pulsar las teclas a no ser que pases algún tiempo reconfigurándolos. Empresas que, básicamente, creen que consiguiendo la exclusiva en España del nuevo Blueberry con Chimichurri Integrado (TM) ya lo tienen todo hecho, y viven de explotar la vanidad de la gente, sus ganas de lucir lo último en tecnología.

Admito que los cacharritos molones me han gustado toda la vida, pero de todos modos habría terminado comprándome un móvil barato por mi cuenta si las condiciones del cambio no hubieran sido relativamente sencillas o la tarifa no me permitiera mantener el nivel de gasto reducido con poco esfuerzo. Ojalá cambie la tónica general de los operadores móviles con esto de la crisis, pero mucho me temo que las compañías telefónicas saben perfectamente en qué mundo viven: viven en un mundo en el que puede aparecer durante unos días el siguiente programita para iPhone en la tienda de Apple...

I am rich

... y hay gente que no pilla la broma.
 

Enviado por Manu, 11:30 PM | Comentarios (0)
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5 de Noviembre 2008

Pajillas mentales: Pues me siguen dando dentera

Vaya por delante que no puedo alegrarme más de que George W. Bush vaya a hacer las maletas el 20 de enero y salir de la Casa Blanca con una metafórica patada en el culo que muchos habríamos querido real y bien sonora. Vaya también por delante que, dentro del mierda-caliente-o-mierda-fría que empapa la política bipartidista, me alegro de que el presidente número 44 de Estados Unidos sea negro. Aunque en realidad, Historia con mayúscula aparte, me alegro más de que no sea republicano: de esta forma no me veo obligado a reducir este texto a un simple "esos tíos son gilipollas de remate". Es momento de alegría (o al menos de alivio) global, y el menda lerenda, trabajando al ordenador con Gabilondo de fondo, ha levantado un puño al aire como el que más. De hecho, hasta le ha entrado un escalofrío al pensar en la cantidad de humanos que estarían haciendo lo mismo, igual de satisfechos o más, en el mismo momento. Pocas veces tenemos el gusto de alegrarnos muchos a la vez en este cacho de roca.

Durante la campaña hemos sido aporreados sin piedad con datos sobre los competidores por la presidencia. Ahora mismo conozco más detalles de la vida privada de Barack Hussein que de la de Zapatero (y seguro que eso es síntoma de algo), pero es normal que los medios de comunicación se hayan centrado en los candidatos. Entre las piezas de informativo y los artículos de prensa, sin embargo, había algunos que trataban otros aspectos de las elecciones. Las encuestas en la calle, la gente diciendo que todo el planeta debería haber votado hoy. Los reportajes sobre el sistema electoral estadounidense, clónicos en todas las cadenas. Eran los mismos vídeos de siempre, los que nos explicaban de nuevo que cada estado norteamericano va más o menos a su aire, que los sistemas para depositar la papeleta son dudosos como mínimo, que hay que apuntarse por anticipado para recibir el derecho a votar... Curiosos, pero repetitivos.

papeleta_florida.gif

Repetitivos lo son con ganas. Es cierto que volveremos a ver algo similar dentro de cuatro años, y dentro de ocho. Lo que me sorprende es la parte de "curiosos". Y me da cierto repelús que, informativo tras informativo, los reportajes sobre la forma de elegir presidente esté enfocada como una simple anécdota. Ja, ja, mirad qué lerdos son; nosotros lo tenemos mejor montado. Pero de los distintos estados con leyes graciosas, de esos estrafalarios ingenios mecánicos para votar que fallan como escopetas de feria, de que Joe el fontanero se tenga que acordar de registrarse, depende en buena medida el destino del planeta entero. Así que sí, cierto, todos deberíamos haber podido votar en las elecciones de esta noche. Pero no solo eso.

Hace cuatro años Bush no ganó unas elecciones dignas de ese nombre, y aun así se convirtió en presidente. Su hermanito, gobernador de Florida, había eliminado a miles de votantes negros, hispanos y demócratas de los censos electorales con artimañas casi legales. E, inexplicablemente, se dejó por contar buenos porcentajes de votos en los condados con muchos negros. Como resultado, Bush se llevó la representación del estado sin la cual no habría sido presidente estos últimos cuatro años. Para colmo, terminó legitimándolo un tribunal porque la situación estaba tan llena de mierda que era mejor cualquier presidente que seguir como se estaba. Y esto es lo gordo, lo que termina sabiéndose. Ni imaginarme quiero las miles de pequeñas triquiñuelas y abusos locales que se cuelan bajo el radar. Pero la prensa, en general, se empeña en seguir quitándole hierro al asunto con sus reportajes desenfadados. Y los demás países, al menos que yo sepa, no hacen ninguna presión para eliminar al menos la soplapollez de tener que registrarse para poder votar. Porque claro, a ver quién le discute algo al jefe en voz alta.

Barack Hussein ya me ha dado una alegría esta noche, y si él y Bush escenificaran el 20 de enero la patada en el culo posiblemente eyacularía y todo. Pero no conseguirá que me quede un poco más tranquilo hasta que esos tíos del otro lado del charcho planten los codos en la mesa de una vez y organicen un sistema de representación en condiciones, resistente a los problemas mecánicos y a los caprichos de caciques y también, si no es mucho pedir, que sea menos permeable al poder económico. La política exterior puede esperar unos meses, en serio. Que barrer de puertas afuera ya lo han hecho bastante, y todos sabemos las escobas que se gastan.
 

Enviado por Manu, 5:51 AM | Comentarios (4)
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15 de Octubre 2008

Pajillas mentales: Pirulas

En las noticias de La 2 hablaban, muy por la noche, de la costumbre que tiene la gente de aparcar el coche, aunque sea "solo por un momentito", en las zonas reservadas para minusválidos. No sé si la noticia es nueva o un simple recordatorio porque no tengo carnet de conducir y, en consecuencia, no estoy tan al tanto de la legislación, pero la narradora ha dicho que "hacer esta pirula costará dos puntos a los conductores". Tampoco estoy seguro del todo de que la frase sea exacta, pero sí de que ha utilizado la palabra "pirula" en pleno informativo serio. (Para los quisquillosos, la RAE no recoge esa acepción, aunque el María Moliner sí.)

Hoy el diario Público traía una noticia con el siguiente titular: De 'calvo de Telecinco' a 'calvo de La Sexta', sobre el posible fichaje del calvorotas mediático más famoso (con permiso de Kratos, no vayamos a liarla) por la emisora del cubo verde, cuyos informativos, por cierto, hicieron este pasado fin de semana la siguiente pirula:

Matías Prats junior lleva años intentando colar toques de humor ligero en sus entradillas para Antena 3, aunque muy por lo general se queden en intentos; la propia Sexta contrató a Javier Gómez, que no es meteorólogo pero sí graciosísimo, como hombre del tiempo. Puede que la tendencia se esté generalizando a buena marcha para llamar (todavía más) la atención de los aficionados al humor hacia los noticiarios. Otros lo han intentado a base de sangre y vísceras y no les ha ido mal; confiemos en que el humor sea mejor reclamo.

Pero el vídeo de La Sexta sugiere, a mí al menos, un motivo distinto. Para empezar la noticia no trata un tema económico real (la decisión gubernamental de intervenir monetariamente para salvar los grandes bancos de la quiebra), sino una anécdota: Merkel le hace una pirula a Sarkozy y se va hacia los periodistas en lugar de seguirlo adentro. Y en plena anécdota, ¡zasca! al canto, para rematar la faena. Tal vez empiecen a tener claro que el espectador medio catalogará cualquier información sobre las ayudas públicas a bancos como la enésima bajada de pantalones ante los de siempre y, falto de interés a estas alturas en los detalles inflacionistas del coito anal, prefiera disfrutar del espectáculo.

Aunque solo sea hasta que a los presidentes y ministros de economía les entre en la cabezota que, mientras todo siga dependiendo en tal medida de las grandes entidades financieras, las cagadas de cuatro gatos miopes (cien gatos miopes, doscientos gatos miopes) nos hacen la pirula del siglo a todos.

Imagen que no viene a cuento:

Carteles no - ¡Perrea!
¡El Chiki-Chiki nunca morirá!

 
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26 de Mayo 2008

Pajillas mentales: Lo de Wikisubtitles

Si a estas alturas queda alguien sin enterarse del sarao de Wikisubtitles.net y la Federación Anti-Piratería, es que no ve demasiadas series americanas subtituladas. Pero resumiendo, Wikisubtitles es una web que permite la creación o traducción coordinada de subtítulos por parte de sus usuarios, los ordena y cataloga por series y temporadas y finalmente facilita su descarga en formato SRT con menos de cuatro clics de ratón. Al traducirse entre mucha gente, los subtítulos se completan a toda velocidad y, en teoría por lo menos, cuanto más tiempo pase mejor es la traducción, porque cualquiera puede entrar y corregirla. Una idea buenísima, se mire como se mire. Pero también una idea que ha terminado llamando la atención de la gente equivocada. En palabras de Smalleye, el padre de la criatura:

Hoy me he levantado con una preciosa notificacion copy&paste de la Federacion Anti Pirateria (Española), en la cual se me advierte que si no cierro la página, se tomarán medidas judiciales contra mí. Poco mas puedo comentar en estos momentos.

Voy a contratar los servicios de un abogado para que me asesore, pero es posible que Wikisubtitles cierre temporalmente en lo que se aclara el asunto. Lo siento, pero ya sabeis como estan las cosas…. Espero, y lo digo de corazon que este no sea el fin de wikisubtitles.

http://www.wikisubtitles.net/blog/archives/8

Las cosas se han movido un poco desde el 19 de mayo, fecha de esa entrada, pero en esencia Wikisubtitles sigue sin funcionar a la espera de que Smalleye tenga un poco menos de trabajo, pueda asesorarse como es debido y decida qué hacer. Al fin y al cabo, el gato es suyo y se lo folla cuando quiere. Eso, y que no puedo evitar cierta simpatía por alguien que se autoimpone una obligación en la red y, durante un tiempo, ha de elegir entre seguir adelante con ella y llevar su vida por el camino que quiere, porque las opciones se excluyen mutuamente.

Lo que más curioso me parece del tema son los comentarios que ha generado la decisión de Smalleye de suspender temporalmente la actividad de la página. La inmensa mayoría de voces en internet son de apoyo, claro, pero destacan algunas personas que lo llaman cobarde acojonado por no mantener el servidor en marcha contra viento y marea, otras que argumentan que su único propósito es conseguir publicidad a base de lloriquear y unas terceras que protestan de la calidad de los subtítulos del sitio. Sin entrar demasiado en rebatir gilipolleces, los argumentos de los dos primeros grupos se van al suelo leyendo el blog de Wikisubtitles, y más ahora que Smalleye ha liberado el código fuente de su versión 3.0 para que puedan crearse clones con la calidad exacta del sitio original.

El tercer grupo de protestones, el que habla de la calidad de los subtítulos, es el que más evidencia su hipocresía. Si un archivo SRT que te hayas bajado te parece malo, el propio sistema pone a tu disposición las herramientas para solucionarlo: puedes mejorarlos. No es necesario ni siquiera saber inglés. Puede corregirse la ortografía, la puntuación, rehacer frases que suenan forzadas, cualquier cosa. Pero quienes más gritan suelen ser quienes menos hacen. No diré que mi opinión vale más que la de nadie por haber traducido y corregido cuatro cachos de archivo en la página, pero sí es cierto que los que más patalean son quienes menos deberían protestar, porque han estado disfrutando gratuitamente del trabajo de otros sin invertir ningún tiempo en mejorarlo. Salvando las distancias, me dan la misma impresión (por no decir grima) que quienes defienden que catalán y valenciano son lenguas distintas: por lo general ellos mismos son estrictamente castellanohablantes, salvo quizá por algún "¡Xe, de categoria la mascletà!" suelto en Fallas. En el caso que nos ocupa, no he visto a ningún gritón ofreciéndose a responsabilizarse de la página mientras dure el temporal, ni tampoco afirmando haber ayudado nunca a corregir ningún archivo. Y desde mi punto de vista, para poder echar mierda sobre otros con cierta legitimidad, antes tienes que haberte ensuciado las manos.

Aunque claro, visto lo visto, ser de la FAP también vale.

Enviado por Manu, 10:05 PM | Comentarios (6)
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21 de Mayo 2008

Pajillas mentales: Los híbridos y el multiverso

Hace unos meses vi un capítulo de South Park, de las infinitas temporadas que no están dobladas al castellano. La fiebre por los coches híbridos llega al pueblo y todo el que los posee empieza a comportarse de forma tan pretenciosa que la nube de engreimiento puro que se genera allí empieza a moverse y amenaza con impactar contra la nube de San Francisco y con la que provoca George Clooney en su discurso al recibir un Oscar. Si las tres nubes de engreimiento chocan, ocurrirá alguna hecatombe cósmica al estilo de South Park.

South Park 10x02: Smug Alert!
South Park 10x02: Smug Alert!

La moraleja del capítulo es que conducir híbridos está muy bien, pero comportarse como un idiota presuntuoso por ello sigue siendo comportarse como un idiota y punto. Y por lo que acabo de leer, puede que ni siquiera conducir vehículos híbridos esté tan, tan bien. Traduzco directamente del artículo Compra un coche usado, es mejor que un híbrido, escrito por Chuck Squatriglia y publicado en Wired:

Los híbridos tienen una proporción de combustible por kilómetro muy buena, pero son necesarios 120 millones de kilojulios de energía para fabricar un Toyota Prius. Un litro de gasolina genera unos 32000 kilojulios, así que el Prius ya ha consumido el equivalente a 3750 litros de gasolina antes de llegar al concesionario. Si lo consideramos como una deuda de CO2, no la habremos pagado hasta que el Prius recorra aproximadamente 75.000 kilómetros.

Hay un método fácil para evitar contraer esa deuda: comprar un coche usado. La deuda ya está pagada. Pero no sirve cualquier coche usado. Tiene que ser alguno que tenga un consumo eficiente. Por ejemplo, un Toyota Tercel recorre 11,5 kilómetros por litro en ciudad y 14,9 en carretera. El Prius tendría que recorrer 161.000 km para economizar la misma cantidad de combustible que el Tercel de diez años. Si nos ponemos al volante de un Geo Metro XFi, que iguala los 20 km/l del Prius, este último nunca podrá salvar el abismo ecológico [...]

Según USA Today, los coches-mechero de principios de los noventa se están vendiendo como rosquillas, y los precios han subido un 30% en los últimos meses. Hace poco se vendió una tartana Geo Metro con 280.000 kilómetros a sus espaldas por tres de los grandes (1900 euros) en eBay [...]

No es necesario comprar un Prius (o cualquier otro híbrido, ya puestos) para economizar el combustible y minimizar nuestro impacto ecológico. Puede que conducir un híbrido nos haga sentirnos mejor, pero no nos hará necesariamente más verdes.

Y nos pongamos como nos pongamos, es bastante más difícil que los coches viejos generen la misma nube de engreimiento que un flamante híbrido nuevo, cosa que el multiverso agradecerá sobremanera. Que no hacemos más que mirar por el planeta y nunca nos preocupamos por el continuo espacio-tiempo, leche.
 

Enviado por Manu, 11:41 PM | Comentarios (5)
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8 de Mayo 2008

Pajillas mentales: La estafa nigeriana

Iba a poner esto en el otro blog, el serio y profesional, pero es que no me iba a salir sin utilizar un par de veces la palabra "gilipollas" y cagarme en algo gordo, y no quiero asustar tan pronto a ningún cliente potencial. Lo mismo cae más adelante una versión descafeinada y sin coñac, pero de momento la personalidad múltiple que me estoy creando todavía se decanta hacia el carajillo. Bien quemado.

Desde que me pasé a esto de traducir me he ido apuntando a diversas páginas web del gremio, en su mayoría porque hay que estar registrado para acceder a los glosarios o los foros de ayuda (que siempre te pueden sacar de algún apurillo haciendo búsquedas internas). Uno de estos sitios, gotranslators.com, manda e-mails de vez en cuando para dar avisos a sus miembros, y el último no merece otra calificación que increíble. Trata de la estafa nigeriana.

Todo empieza con un traductor recibiendo un correo electrónico, escrito en un inglés pésimo y procedente de alguien que afirma ser de cualquier otro país, francés por ejemplo. Se solicitan los servicios urgentes de un traductor y todo parece seguir los cauces normales. El e-mail es lo bastante inteligible como para que algún incauto (me reservo el "gilipollas" para más adelante) lo responda explicando sus tarifas al supuesto cliente y reciba enseguida el texto a traducir porque, claro, la cosa es urgente. En poco tiempo nuestro amigo ha llegado a un acuerdo económico con el timador y ha cumplido el encargo. Y ahí es cuando se la dan con queso. Traduzco parte del aviso:

La "estafa nigeriana" es un timo muy viejo. Te envían un cheque (falso) y los bancos necesitan cuatro o cinco semanas para identificar cualquier estafa. La cantidad indicada en el cheque siempre es más alta que lo acordado ("un error", o cualquier otra excusa) y el estafador te pide que le ingreses la diferencia en otra cuenta bancaria cuanto antes.

Y entonces estás atrapado.

¡Estás atrapado si eres gilipollas! Porque aunque el e-mail inicial, enviado desde una dirección como sexymaria@gmail.com (¡verídico!), no te ponga los pelos tan de punta como para borrarlo directamente, no cuesta nada hacer una consulta a bases de datos de clientes y un par de búsquedas en foros. Por si las moscas. Y aun así, una vez traducido el proyecto, hay que ser muy ingenuo para aflojarle pasta a tu cliente sin antes tener la suya bien aferrada en la mano. Aunque solamente sea para no tener que cagarte en tu puta madre (sí, en la propia) por haberle echado horas a un trabajo que, encima, te ha costado dinero. Y ya no digamos si para colmo de males tu traducción le resulta útil a quien te ha dado el sablazo: cornudo, apaleado y, coño, tu esposa te ha pegado una venérea.

De gilipollas está el mundo lleno. Por desgracia también está demasiado lleno de gente que lo sabe.

Imagen que no viene a cuento:

Calle Trullols, Castellón de la Plana

¡Humor callejero del bueno!

 
Enviado por Manu, 4:30 AM | Comentarios (3)
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23 de Marzo 2007

Pajillas mentales: Morena

El miércoles impacté a varias veces la velocidad del sonido contra la realidad. Fue el primer día que tenía que trabajar por la mañana después de pasar una semana en las fiestas (o, mejor dicho, en los fiestones) de la Magdalena en Castellón. Había dado alguna clase que otra el martes por la tarde, pero el encontronazo serio con el maldito día a día no se produjo del todo hasta la mañana siguiente, un espantoso día soleado con un leve viento fresto. Es muy posible que el armisticio de un día se debiese a que mi sistema digestivo, atontado por el alcohol durante siete seguidos, no hubiera conseguido reaccionar hasta el momento. Sea como sea, desperté helado y con un tremendo malestar gástrico en el lugar que solía ocupar mi cerebro.

Conseguí reptar hasta la cafetera y la caja de Desenfriol, que no eran la opción más indicada para mi desmejorado estómago pero sí eran elementos imprescindibles para poder salir a la calle sin sufrir una muerte horrible bajando las escaleras. Ponerme la ropa en la posición y el orden correctos me supuso un auténtico infierno. El camino hasta la parada, otro. Con el trayecto en tranvía hacían tres, y la espera en la estación de Empalme (donde debía hacer transbordo para completar el viaje al trabajo), subía el marcador a cuatro infiernos largos. Mientras echaba cuentas y llegaba a la conclusión, poco halagüeña, de que si solamente llevaba una hora despierto y ya iba por el número cuatro estaría llamando medianena a Dante para la hora del té, llegó el metro. Subí al vagón y posé mi trasero, seguido de un cuerpo desganado, en un asiento plegable junto a las puertas. Era la opción más lógica, aunque no me di cuenta hasta que el tren arrancó bruscamente para iniciar su trayecto en superficie y yo me pregunté si llegaría entero a mi parada o una parte de mí saldría por la boca y, si la casualidad quería que el metro estuviese en marcha, se quedaría a vivir en aquel suelo rugoso.

Estación de Burjassot, la anterior a mi nefasto destino. Como estaba sentado en el asiento de la puerta, era responsabilidad mía pulsar el botón de apertura. En un esfuerzo digno de gesta épica, conseguí levantar el brazo y acertar en el verde. Las puertas se abrieron y una chica morena, de la que hasta entonces solamente había visto las botas, me dijo "muchas gracias" y me dedicó una sonrisa perfecta. No perfecta por bonita, que también, sino por sincera. O al menos eso me pareció. En cualquier caso la chica me sonrió, las puertas se abrieron y se produjo un breve momento en el que se me permitió olvidarme de mi cuerpo como si fuese el protagonista de una película mala sobre sucesos paranormales. Durante un minúsculo lapso de tiempo, no tenía estomago. Y tal vez fuera la impresión del momento, o tal vez que las puertas estaban orientadas al este y el sol me daba en la cara, pero me pareció que la chica morena se alejaba por el andén con más contoneo del estrictamente necesario. Sabiendo que aquel breve instante de gloria no duraría demasiado, lo atrapé y lo apreté bien fuerte para que no escapara: me hice visera con una mano, admiré aquellas nalgas perfectas prisioneras de unos vaqueros ceñidos y, mientras las puertas se cerraban, me permití una sonrisa propia, la primera del día. La vieja que estaba sentada enfrente me miró mal. No me importó lo más mínimo.

Sería estupendo poder decir que los pajaritos empezaron a piar con armonía, que mi situación física mejoró y que la jornada se convirtió en un dulce algodón rosa, pero cualquiera que haya tenido un mal día tras una semana de fiesta continua sabe que nunca es así. Atravesé rios de mierda, descendí a todos los infiernos y llamé a Dante medianena a la hora de comer. La tarde fue espantosa y no empecé a sentirme mejor hasta bien entrado el ocaso. Pero sí es cierto que todo habría sido incluso más insoportable sin aquella chica morena y sin su sonrisa y sin su culo. Así que, de corazón, muchísimas gracias, preciosa.
 

Enviado por Manu, 12:24 AM | Comentarios (6)
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25 de Octubre 2006

Pajillas mentales: El boli en el canalillo

Tarde, mal y a destiempo, como de costumbre, pero me enteré este fin de semana de la última gracia de ese genio del humor que es el ex-presidente JoseMari Aznar. Tras el chiste del submarino amarillo (cuando Inglaterra decidió que Gibraltar era el sitio idóneo para aparcar un submarino nuclear), el sketch del acento texano (en una rueda de prensa conjunta con Bush) y el gag de los pies encima de la mesa con sus amiguitos del humor en las Azores (cuando lo de Iraq), Chema parece haber decidido que renovarse o morir. Su repertorio actual, en esta nueva etapa fuera del gobierno, es igual de bueno o incluso mejor que el antiguo, aunque hasta la fecha solamente hayamos podido disfrutar de dos breves muestras: (1) aquella vez en que argumentaba que los moros deberían habernos pedido perdón por la ocupación de la península hace 1300 años, y (2) esto:

Evidentemente, a Josemari le va el humor apocalíptico. O eso, o se cree de vuelta de todo y hace lo que le viene en gana sin pensar en las consecuencias para su partido. O tal vez quería emular a Bill Clinton, ex-presidente también, y a falta de puros y chirlis, pues vengan esos bolis y escotes. Que siempre ha habido clases. O quizás simplemente no le gustaba la pregunta sobre el Movimiento de Liberación Nacional Vasco y no se le ocurrió nada mejor para salirse por la tangente. En breve, o es un maestro incomprendido del humor o va de sobrado o va de copiamonas o, simplemente, es un poquito gilipollas y no tiene demasiadas luces. Comentarios al respecto de la bromita no han faltado, y los hay de todos los colores: desde "qué hubiera hecho si el entrevistador fuera hombre" (decía la reportera boligrafizada Marta Nebot) hasta "Aznar no es machista" (Ana Botella, claro), pasando por el que más me ha gustado: "Anita, confiesa, tuvo a tantas mujeres en su gabinete porque al llegar a presidente le regalaste una caja de rotuladores y no sabía donde ponerlos", que decía un tal Retrancasman en la página web del 20 Minutos.

El hecho es que, de un tiempo a esta parte, las tías buenas lo tenéis más bien crudo con las bromitas de la gente. Marta Nebot no es más que un ejemplo. Esta misma mañana estaba yo tomando un café en el bar y ha entrado una hermosa joven a comprar tabaco: tipo estupendo, culo ceñido, senos turgentes, pelo rizado. Ha puesto dinero en la máquina, ha cogido su paquete y se ha largado sin decir ni mú. Pero este simple gesto ha despertado una retahíla de comentarios y chascarrillos a voz en grito por parte de la dueña del bar y un par de parroquianas que andaban por ahí. Sí, está claro que no cuesta nada decir hola. Pero mucho me temo que estos comentarios no se habrían producido si la muchacha no estuviera de tan buen ver o si, directamente, fuera un tío. Incluso yo mismo, adalid contra la discriminación, he comentado en ocasiones que las gilipolleces que discuten y discuten y discuten las concursantes de SuperModelo 2006 deberían solucionarse a base de combates de lucha en el barro. Aunque por supuesto (siempre ha habido clases, decíamos) no me he plantado nunca en el estudio del programa con una cubeta de fango y un par de bikinis.

Quedáis advertidas, tías buenas: el campeón bigotudo del humor casposo anda suelto.
 

Enviado por Manu, 2:10 PM | Comentarios (1)
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1 de Diciembre 2005

Pajillas mentales: Una de las cosas que me gustan

Hay un tema de conversación que, a medida que pasa el tiempo, se va convirtiendo más y más en tabú. No me refiero a la calvicie, no (aunque también), sino a la manera de plantearse la existencia. Por algún extraño motivo, cuando alguien se pone a cuestionar el modo de vida "Curro cuarenta horas, hipoteca, seguro del coche" la gente que lo sigue tiende a tomárselo como algo personal. Hay quien no, claro, pero por lo general un ataque contra el modelo C40+H+S es recibido como una patada en los mismísimos hipotecones.

Lo digo porque esta mañana un alumno me ha preguntado por qué estoy trabajando en una academia y no en un instituto al uso. De todas las razones que podría haberle dado, he escogido la más cierta: que es el trabajo que más me compensa. Servidor no paga hipoteca ni seguros: tiene un alquiler barato y se desplaza a pie, en metro o (para los viajes largos) de copiloto en el coche de algún amigo. Así que, si echándole alrededor de 20 horas semanales me da para techo, cuchara, vicios y algún viajecito suelto, ¿qué sentido tendría duplicar mi horario de trabajo? El que tengo ahora, con sus dos sobresueldos al año procedentes de revisar libros de Pratchett, es el que mejor relación tiempo-dinero ofrece para alguien como yo.

Poco más o menos ésta es la explicación que he dado a mi alumno, quitando lo de Pratchett porque sería demasiado largo de explicar. No he querido extenderme por derroteros metafísicos, pero es que de verdad no veo la necesidad de trabajar cuarenta horas a menos que uno disfrute mucho haciéndolo o de verdad lo necesite, sea por la razón que sea. El tiempo es oro, es decir, dinero. Por lo tanto, el dinero es tiempo. Y por lo general no se pueden tener las dos cosas a la vez, salvo en dos lagunas muy determinadas del continuo dinero-tiempo: una de ellas es la de los muy ricos, la de los que gastan mucho pero tienen tanto que pueden permitirse no trabajar; y yo tomo el sol en mi hoja y cazo moscas con la lengua en la charca pequeña y acogedora de quienes no tienen pareja ni hijos ni hipoteca ni coche ni demasiadas obligaciones ni ganas.

Sí, podría buscarme un trabajo serio, meterme en un piso y pagar una hipoteca. Y entonces a los 60 años, si no me cae un meteorito encima antes, sería un orgulloso propietario de pleno derecho y ya no tendría que pagar al banco cada mes, con lo que podría dedicarme a vivir la vida a todo tren. ¡Juerga en el geriátrico! ¡Vámonos todos a Benidorm, que pago yo! Teniendo veintisiete me pasa lo que a los Gamma Ray, que el tiempo libre es una de las cosas que me gustan.

Pero cuando dices estas cosas en voz alta pasa lo que decía al principio, que la gente piensa que desprecias su modo de vida. Cuando hablas de beber, fumar, jugar de vez en cuando a rol, leer, hacerse pajas mentales en un weblog, hacerse pajas físicas en tu casa, irse a vagar por el mundo en verano o reciclar el cristal, no pasa nada. Nadie se lo toma como una crítica porque se ve claramente que no lo es. Pero es tocar un poquito los hipotecones y, sin comerlo ni beberlo, se provoca irritación aunque no se pretenda (que si eres un punki, que si ya se te quitará la tontería; argumentos de padre), como si lo que me vaya bien a mí tuviera que funcionar para todo el mundo. Por eso prefiero no tocar el tema bajo ninguna circunstancia.

Imagen que no viene a cuento:

Resultados de la encuesta 01

 
Enviado por Manu, 1:29 PM | Comentarios (10)
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10 de Noviembre 2005

Pajillas mentales: Cada cosa en su sitio

El sitio de los periódicos viejos es encima de la nevera. El sitio de las revistas es el váter. El trapo de cocina va encima del microondas, cerca del horno. El sitio de los ceniceros y del cartón de tabaco (cuando lo hay) es en la sala de estar, encima de cualquier superficie, al alcance inmediato siempre que sean necesarios. Los objetos pequeños, útiles y fáciles de perder iban en el mueblecito de mimbre de los objetos pequeños, útiles y fáciles de perder, que hasta hace poco estaba al lado de un sofá pero ahora ha pasado a sostener la impresora en la habitación del ordenador. Ésta es la historia de cómo un pobre grinder que habitaba hasta hace poco ese mueblecito de mimbre encontró un nuevo hogar.

El Doctor Maligno se iba a dormir. Triste es revelar intimidades de los supervillanos, pero para la historia es necesario saber que cada noche, cuando decide retirarse a urdir nuevas maldades, siempre pasa por una fase de entrar y salir de la Mazmorra de la Serpiente a recoger cosas que se ha dejado. Y, si hay algo pendiente para el próximo día en su Plan de Dominación Mundial, quedar de acuerdo conmigo para que se haga. En esta ocasión, lo que había pendiente era ir a pagar el alquiler de la Fortaleza de las Sombras a su señora oscura, una buena idea teniendo en cuenta que estamos ya a día 10.

En realidad no nos hemos puesto de acuerdo en quién iría a pagar, pero sí he decidido sacar el dinero de debajo del colchón y dejarlo en algún lugar más accesible por si al final no me correspondía a mí. Buscando el sitio adecuado, he visto el grinder en la estantería de los DVDs y he voceado:

- ¡Eh, Doctor Maligno! ¡Dejo la pasta debajo del grinder!
- ¡¿Qué?! ¿El grinder?

El doctor estaba afaenado en su Mazmorra buscando su parte del dinero entre los látigos y los escorpiones pero ha salido como alma que lleva el diablo. Yo hubiera puesto la mano en el fuego a que Doc conocería en todo momento la posición exacta del aparatillo, y de hecho por eso decidí dejar allí el dinero. Pero resulta que ya llevaba tres semanas buscando el dichoso grinder sin éxito y empezaba a preocuparse de verdad. El utensilio, listo como él solo, había decidido esconderse en el mejor lugar posible: a la vista de todos. Esos aparatejos conocen bien a sus amos.

Y así es como el grinder no sólo ha encontrado un nuevo hogar, sino también un trabajo: Custodio del Dinero de Alquiler de la Fortaleza de las Sombras. Sólo le toca tres o cuatro días al mes, lo cual resulta envidiable.

Y mientras tanto, los libros de rol van en un montón al fondo del sofá que no usamos. Las esposas van en el segundo cajón. La bolsa de basura auxiliar cuelga del pomo de la puerta de la cocina.
 

Imagen que no viene a cuento:

¡He matado al dragón verde!


 

Enviado por Manu, 2:25 AM | Comentarios (7)
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27 de Octubre 2005

Pajillas mentales: Fuera catalizadores

Hacía tiempo ya que no daba vueltas en la cama sin poder dormir. No es que haya nada que me preocupe especialmente y me impida coger el sueño, sino que estos ciclos caóticos que llevo de vigilia y ronquidos desde que trabajo dos mañanitas a la semana me trastocan los horarios y me lanzan también una noche así a la cara cada equis tiempo. Agotados ya sin éxito los dos recursos típicos para cerrar plácidamente los ojitos (el otro es leer, pero se me terminó el libro), me ha dado por pensar un poco. Y ni con esas. Así que he recuperado una costumbre casi olvidada: la de coger papel y boli con la esperanza de poder teclear esto mañana, salga lo que salga. Bienvenidas, pues, a mi cama.

Andaba yo rumiando que últimamente el gobierno no da una a derechas, pero en realidad es más bien al contrario. La última jugarreta, y no andan tan lejos la del tabaco ni la de los despidos baratos, es prohibir que los conductores noveLes conduzcan de noche. Al parecer, las últimas estadísticas apuntan a que el veinte de los hostiones nocturnos los provoca gente con poca experiencia al volante. Dejemos al margen que los Nengs que se pegan esos golpes en la carretera se limitarán a ir a las discotecas antes de las 11 y volver después de las 6 de la mañana para saltarse la prohibición en caso de que se aprueba. Dejemos también de lado que eso será incluso peor. Sigamos adelante con el razonamiento gubernamental y pensemos en los demás accidentes, diurnos o nocturnos. Es de suponer que una parte considerable la formarán personas que vuelvan cabreadas de un curro insatisfactorio y le den al acelerador porque, para colmo, les pilla lejos de casa. O que se duerman al volante en plena operación salida porque están machacados con las cuarenta horas semanales (más extras) y las dos que llevan ya de atasco. Son sólo dos ejemplos, pero demuestran que un gobierno esclavo de las encuestas puras, unos tipos que no se lo piensan dos veces antes de cortar por lo sano, podrían fácilmente llevarnos a que estuvieran prohibidos los cabreos y las operaciones salida. Ya estoy viendo los Sorteos Nacionales para ver quién puede viajar y quién se queda en casita este puente de la Inmaculada.

Cualquiera que tenga nociones de estadística sabe que las encuestas solamente dicen lo que dicen. Son modelos que intentan aproximar la realidad pero jamás consiguen describirla completamente. En estadística se habla de correlaciones, no de causas. Y hay que saber interpretar los resultados, aunque eso no depende tanto de los conocimientos matemáticos como del conocimiento (intuitivo, empírico, todo lo que quieras) de la realidad. Del mundo que tenga el intérprete. Y hay que ir con cuidado para no sacar conclusiones precipitadas, sobre todo si se pretende legislar en base a ellas. Supongamos, por ejemplo, que algún cerebrito de Moncloa echa mano de estadísticas y se da cuenta de que crecen los índices de contaminación al mismo ritmo que la fabricación de vacunas en el país. ¡Coño, claro! ¡Seguro que la contaminación es la causa de que podamos vacunarnos! Pues nada: fuera filtros, fuera catalizadores, fuera multas. Jeringuillas para todos, señora. La falta de datos, o tal vez la falta de cerebro para darles cuatro vueltas antes de sacar la varita mágica de prohibir cosas, puede ser peligrosa.

En el caso que nos ocupa, puede que no se solucione todo el problema prohibiendo conducir de noche. Es posible que los menores, simplemente, le dejen el coche a alguien que no deba llevar la ele o que se pasen en masa al truco de volver de día. A lo mejor parte del problema está en obligar a los chavales a conducir para salir. Quizá habría que meditar un momento por qué alguien se ve obligado a ponerse al volante para pasar un buen rato. Tal vez habría que plantearse permitir que las discotecas se acerquen un poco al casco urbano, que los bares abran hasta más tarde, que los taxis bajen los precios. Que el trabajo no ponga a nadie de los nervios. Que nadie acabe demasiado cansado para conducir. En resumen, que el congreso empiece a pensar un poco (ya, ya) y se deje de desviar la atención del Estatut a base de escupir prohibiciones estúpidas hacia blancos fáciles. Porque asumámoslo: me juego el cojón que me estoy rascando a que el 70% de las muertes por violencia doméstica se producen entre casados, y no veo yo que nadie vaya a prohibir el matrimonio a corto plazo.

Si de algo puede alegrarse la Dirección General de Tráfico, eso sí, es de ponerse por fin a la altura de las facultades de derecho y medicina: sus aprobados, en la práctica, no valen ni el papel en que están impresos. Ni una mierda, tampoco. Haz el MIR, colégiate para ejercer, no conduzcas de noche.

Y con tu permiso, guapa, ahora dormiré dos o tres horitas.

Imagen que no viene a cuento:

Mar de Cuernos

¡Los dioses del metal han vuelto!

 
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24 de Mayo 2005

Pajillas mentales: El alemán cabrón

Resulta que no soy el único que, de un tiempo a esta parte, nota que se va olvidando más de las cosas. Que le cuesta cada vez más recordar los nombres de la gente que le presentan o los detalles de las situaciones. A más gente de mi edad aproximada le ocurre lo mismo: la memoria no funciona igual que antes, los sucesos no se graban automáticamente, los datos cuestan más de retener. En realidad no se trata de un fenómeno generalizado, ni tampoco tan exagerado como en mi caso. No estamos en una situación estilo Shaun of the dead, no es que haya una plaga de casi-treintañeros casi-zombies diciendo "coño, aquello de que era malo masturbarse tanto no iba errado después de todo... ceeereeebrooosss...". Pero sí hay que admitir que se da una tendencia clara hacia hacia el descuido, hacia el "¿qué hice anoche?". Hacia el caos. Así que, con la capacidad de generalización irreflexiva que me caracteriza y que tantos amiguitos me ha procurado últimamente, me lanzo a la piscina con una nueva entrega de Teorías Inconsistentes de Manu (TM).

No es que olvidemos más de lo que lo hacíamos a los veinte. Nuestros cerebros, pese a todos los kame-hame-has que han soportado, no han podido degenerar tanto en siete u ocho años como para no recordar un nombre cinco minutos después de escucharlo. Pienso que el problema es más bien de actitud, como cuando uno es torpe por despistado pero puede apañárselas para caminar sin sembrar el caos sólo con fijarse un poco en lo que hace. No nos interesan tanto las cosas ahora como hace diez años, cuando todo era importantísimo y nuevo y especial. Cualquier nombre que nos dijeran se registraba porque era una incógnita sobre la que no teníamos pistas, y cualquier fiesta era un hito en nuestra historia personal. Ahora, sin embargo, mientras que ahora tendemos a pensar estadísticamente, con cierto cinismo, y sabemos por experiencia propia que hay mucho gilipollas suelto y que los sábados por la noche tienden a parecerse entre sí. Así que no arriesgamos tan a la ligera la capacidad de almacenamiento y nuestro inconsciente nos lleva por el camino de "el tiempo dirá si merece la pena". Tal vez esa persona termine entrando en nuestra vida y tal vez este sábado sea memorable, pero lo decidiremos a posteriori, muchas gracias.

Saber dónde has dejado el tabaco es importante cuando no quieres que lo encuentren tus padres, pero no tanto cuando te la trae al pairo. Así que la certeza con la que un chavalín sabe donde están algunas cosas en todo momento se va desvaneciendo con el tiempo. Hemos soltado tantas veces la chaqueta (o las llaves, o los dados de diez) por ahí que no somos capaces de recordar dónde la pusimos hace cinco segundos. Yo, personalmente, estoy tan acostumbrado a llevarme agua a la cama cuando vuelvo de fiesta que he llegado a acumular seis botellas medio vacías durante las fiestas de Castellón, hasta que la escasez en las reservas comunitarias de la cocina puso el grito en el cielo. Hemos mecanizado demasiadas maniobras y, al no ponerles atención, no las grabamos en la memoria. Pero por suerte compensamos esa carencia con cierto autoconocimiento. Ni idea de dónde dejé el mando a distancia, pero es probable que se haya colado en ese sofá. El DVD, encima del reproductor, sin duda. Y claro, así nos confiamos y seguimos almacenando cada vez menos cosas en el disco duro. Optimizando. O no.

No sé si es un proceso inevitable. No sé si aquello que se hinchaban la boca en llamar generación X está igual de abocada a caer en las garras del alemán cabrón que todas las anteriores. No sé si al final los del nombrecito iban a tener razón y resulta que pasamos tanto de todo, colega, que nos olvidamos hasta de respirar. O si la continuada masturbación sin medida terminará por dejarnos con memoria de pez. Pero si queremos llegar a los treinta y cinco sin parecernos demasiado a Shaun (¡eh! ¡vayamos al Winchester!) igual es el momento de tomar cartas en el asunto. O igual todo esto es sólo cosa mía, claro.
 

Enviado por Manu, 1:09 AM | Comentarios (21)
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15 de Abril 2005

Pajillas mentales: Los buenos tragos

Hoy he visto por la tele a un tipo interesante. La respuesta a la pregunta "¿en qué programa?" es obvia, supongo. No recuerdo su nombre y no tengo ganas de buscarlo en el Google, pero el tipo en cuestión se dedicó durante bastante tiempo a sacar dinero a los casinos de todo el mundo utilizando sus conocimientos matemáticos. Y eso ya le hace merecedor de mi admiración. Además, putas casualidades de la vida, justo esta noche hablábamos del mismo tema en casa. El tipo en cuestión, aparte de seguir con sus jugadas en los casinos de verdad y en los de internet para seguir forrándose, acaba de publicar su segundo libro. Si el primero iba de casinos (y cómo sacarles la pasta), apuestas (y cómo ganarlas) y, supongo, chanchullos legales (y cómo evitarlos), el segundo trata de cómo aplicar la teoría de juegos a la vida, de cómo vivir según una especie de autoayuda racional.

Por lo general huyo siempre de los libros de autoayuda. Nunca me han llamado la atención lo más mínimo. El mismo concepto de libro de autoayuda es, bueno, autocontradictorio. Si se supone que debo ayudarme a mí mismo, ¿para qué leches necesito un libro escrito por otro que ni siquiera me conoce? Es más, ¿no se supone que cada uno ya intenta ayudarse a sí mismo de la mejor manera posible, sin que le digan como hacerlo? A lo mejor es que no los entiendo porque soy un tipo optimista o porque, cuando se me dice que tome las riendas de mi vida, contesto que ya las tengo bien enganchadas, muchas gracias, a ver quién iba a llevar mis riendas si no. Aunque a veces parezca que no tengo muy claro hacia dónde ha de ir la diligencia, admitido. El único panfleto que leí de principio a fin fue Dios vuelve en una Harley (no, tampoco voy a buscar la autora en Google), que era una especie de alegato al buen rollito por boca de un Jesucristo vestido de cuero pero con greñas bien limpitas y aseás que se aparecía a la narradora en bares de moteros. Fue curiosidad combinada con "coño, mira, un libro, ahora que no tengo nada que leer". La autoayuda bien, gracias. Los libros, que los lean otros.

El tipo del programa de Buenafuente decía cosas con las que no acabo de estar de acuerdo. El hombre aplicaba las probabilidades, la estadística, la teoría de juegos, a todas las facetas de su vida. Aconsejaba cosas como no sentarse en los vagones de cabeza o cola en el tren (más dañados en caso de accidente), o quedarse cerca de la salida de emergencia cuando se va a una discoteca, porque actos tan sencillos pueden alargarle a uno la vida. La lógica es evidente, pero tiene un fallo: llevada al extremo (como parece que hacía él) reduce considerablemente la calidad de esa vida prolongada, que en mi opinión es un factor muy a tener en cuenta. Lo del tren está muy bien y no cuesta nada escoger el vagón de enmedio, claro. Pero es que a mí me gusta sentarme en el primero, que además sirve para abandonar rapidito la estación de destino al llegar. Y si extrapolamos, vivir según la estadística tan a rajatabla podría llevarnos a sinsentidos como vestir chalecos reflectantes para salir de noche, dejar de fumar o, lo más aterrador de todo, beber cerveza sin alcohol. La lógica está muy bien, pero no hay que dejar que nos diluya la existencia. Creo que en el fondo todos tenemos una cantidad limitada de vida, sólo que algunos preferimos pegarle tragos de los buenos antes que beber como pajaritos sin disfrutarla porque, oye, así no se acabará nunca, ¿sabes?

Pero sí estoy de acuerdo en algo de lo que decía este señor. Se quejaba de que por lo general se considera que las personas pesimistas son más inteligentes que las optimistas. El cinismo vende mucho y los pesimistas son mejores cínicos. El punto de vista más corriente es que el optimista se dedica a vivir en las nubes, metido en su propio sueño de color de rosa. En realidad eso es lo que ocurre cuando te encuentras a un optimista tonto, no a un optimista realista consciente de lo que le rodea, pero consciente también de que se puede mejorar. De hecho, la postura más sabia de todas es el optimismo: mejor encarar los problemas pensando que tienen solución que resignarse y cargar con ellos por los restos. A su discurso sólo me queda añadir que, por si fuera poco, el optimismo mejora en mucho la calidad del día a día. Y ya puestos a pegarle buenos tragos al tiempo, mejor que sea con buena cara.
 

Enviado por Manu, 6:07 AM | Comentarios (9)
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15 de Marzo 2005

Pajillas mentales: Que se vaya el frío

Probablemente sea solamente casualidad, pero con esto de que el frío serio se está alargando casi hasta la primavera me inclino a creerme que el tiempo tiene más influencia en el estado de ánimo del que pensamos. Cualquiera que haya estado en un aula sabrá que los días lluviosos suelen ser más tranquilos que los soleados y que la gente siempre está de mejor humor cuando el cielo es azul y no gris. Hasta aquí, todo normal. Pero está por ver si tanto mal tiempo, tan seguido como lo tenemos este invierno, no estará exagerando peligrosamente las facetas negativas de la gente. Podría pensarse que no tiene ninguna importancia, que hablo del tiempo porque no se me ocurre nada más de lo que hablar. Y no se andaría errado del todo, que entre el trabajo de verdad y el de mentirijillas tengo la neurona sobrecalentada. Lo cual no quita que la influencia del tiempo en la personalidad pueda ser un tema importante, porque cuando se exageran peligrosamente las facetas negativas de gente como Bush, mi jefe, Rajoy o Zapatero, los efectos pueden ser devastadores. Que se lo pregunten a cualquier fumador si no, que ya nos estamos temiendo que el Señor del Talante termine apostando francotiradores en las estaciones de tren con la orden de tirar a matar.

No voy a poner ejemplos demasiado personales porque tampoco vienen al caso, pero sí estoy notando últimamente que la gente de mi entorno (normalmente tolerante con las cuatro manías que tengo) tiende a tomarse en serio mis afirmaciones categóricas sobre, por ejemplo, las parejas o la gestión de los datos descargados de internet. O a lo mejor soy yo quien se toma demasiado en serio sus comentarios al respecto. O ellos se toman en serio mi actitud, cosa que no deberían hacer. El círculo vicioso de siempre, la asamblea de majaras. Y al final, por unos o por otros, me parece que hay cierto mal humor flotando en el ambiente, una leve depresión nórdica de mierda que lo empaña todo.

Estoy por bajarme mañana al súper y comprar diez botes de matamosquitos bien cargados de CFCs, a ver si al menos el próximo invierno estamos todos un poco más animados, radiactivos pero contentos. O eso, o empezar a leer horóscopos por si al menos puedo culpar del mal karma a las constelaciones. Mañana, sol. Y buen tiempo.
 

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11 de Febrero 2005

Pajillas mentales: Buen rollito

En el fondo creo que siempre había querido ser ese profesor superchachi del que los alumnos se jactan ante sus amigos. Mi idea era convertirme en ese tipo capaz de dar unas clases divertidas a la vez que útiles, sentarme encima de la mesa y entretener educando, tener la ocasional salida de tono y dar explicaciones ingeniosamente alternativas sobre los temas aparentemente más aburridos. No nos engañemos: El club de los poetas muertos hizo mucho daño en su momento.

Por tanto, cuando empecé a trabajar en la academia vi mi oportunidad de oro. Con las clases particulares me había ido bastante bien, pero ahora tenía un grupo de alumnos a mi disposición y podría maravillarles a ellos y a todo el mundo cuando empezaran a aprobar sus asignaturas por arte de magia. El primer día no me senté en la mesa porque el Doctor Maldad y mis propios jefes ya me habían advertido que los alumnos aprovecharían cualquier muestra de debilidad para tomarme manga por hombro. Pero tampoco creí necesario convertir aquello en Guantánamo Junior y, con el paso de los días, procuré que comprendieran que aunque no toleraría gritos ni peleas, sí disponían de una cierta libertad de comunicación. Los días siguieron pasando y algunos eran mejores que otros. Procuré modular levemente mi actitud, pero no siempre conseguía los mismos efectos. Si tenemos en cuenta que ni siquiera con según qué sistemas operativos informáticos igual acción equivale a igual resultado, era lógico que con niños y adolescentes no hubiera forma de saber lo que iba a pasar. Pero yo lo intentaba de todas formas, buscando la panacea que convirtiera mis clases en las que había visto en las películas.

Imposible. Al menos, imposible tal y como yo planteé la situación. No dejaba de ser normal que llegasen rebotados del colegio y el cuerpo les pidiera jarana, pero los días que se lo tomaban a pecho podía ir dando la clase por perdida. Una explicación que en condiciones normales liquidaría en cinco minutos me costaba media hora de interrupciones constantes para pedir silencio, cambiar a gente de pupitre, exiliar a los instigadores a la celda de reclusión vacía de al lado y, en los casos más extremos, amenazar con llamadas telefónicas a casa. No hacía más que defender el derecho de quienes querían aprender frente a sus agresores, pero de todos modos ellos perdían una clase que podía serles útil y yo perdía los nervios. Hasta cierto punto, claro, que uno tampoco se obsesiona con tanta facilidad. Pero sí llevaba algún tiempo preguntándome si no habría otra manera más eficiente de hacer las cosas y, ya que estamos, evitarme tener que gritar.

Así que el martes, después de dos o tres días seguidos de guerra de guerrillas, me decanté por el ataque preventivo. Escribí una serie de reglas en la pizarra porque, pese a las apariencias, sienten un respeto casi sectario por la palabra escrita. Manu decide los sitios, sin quejas. No se habla si no es para preguntar dudas. Y dos o tres prohibiciones más para enfatizar el aspecto de Lista Sagrada de Mandamientos, muy pobre si solamente son dos. Puse mi cara de póker y repetí la palabra "Silencio" infinitas veces durante los cinco primeros minutos de clase hasta que, milagro, se hizo. También me inventé un sistema complicado de anotaciones en mi agenda (círculos, cuadraditos) del que no expliqué las reglas. Que se entretengan averiguándolas. Y, aunque mi lado antiautoritario se removía inquieto, logré aplacarlo con las excusas de siempre: en realidad lo hago por su bien, así al menos podré conseguir que algunos pasen el curso y de paso aprendan algo, el despotismo ilustrado no es tan mala idea si se aplica a adolescentes. Lo de siempre, como decía. Pero hoy han salido de la boca de un alumno las palabras "campo de concentración", y de la mía las palabras "se acabó la tontería". En realidad ni siquiera le habría dado más vueltas de no ser por la sonrisa divertida de Bego cuando se lo he contado. Se acabó la tontería. Joder, qué frase más fea.

Y entonces he pensado que era yo quien había tomado la decisión, no un viejo profesor resentido por nostalgias de tiempos mejores. Que en las circunstancias no tenía más opciones, que se podía ir a la mierda El club de los poetas muertos. Había olvidado que el hecho de que alguien sea adolescente no significa que no pueda ser un pequeño buscabullas desagradable, sino sólo que todavía no se le puede considerar culpable del todo y que está a tiempo de dejar de serlo. La mismísima palabra, educación, significa cambiar el comportamiento de la gente. Y si tienes miedo de hacerlo, mejor que no empuñes nunca un rotulador de pizarra, pequeño. Andarse con remilgos significa permitir que cuatro cretinos te impidan dar al resto lo que necesita. Yo, el bueno; de eso estoy seguro. Ellos, los malos.

Es posible que más adelante pueda relajar la disciplina, llegar a un punto de equilibrio desde el lado oscuro, pero era imposible alcanzarlo desde mi actitud buenrollista inicial. Funciona en chavales de dieciocho, pero no de trece. Tal y como estaba llevando la partida, mi mejor jugada era el enroque. Y de todas formas, en palabras de cierto personaje de cierta novela de cierto autor, las clases son mucho más interesantes desde que se hacen a mi manera.
 

Enviado por Manu, 4:47 PM | Comentarios (4)
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2 de Enero 2005

Pajillas mentales: Apología de la nochevieja

Hacer propósitos de fin de año pasó de moda hace mucho tiempo, al menos entre los que se conocen lo suficiente a sí mismos como para saber que de todas formas no iban a cumplirlos. El tema recurrente estas fechas, al menos entre mis allegados, es la posición de cada cual respecto a las celebraciones del año nuevo. Los abstemios (y gente poco festera en general) prefieren cenar bien, tener un resopar en la recámara y pasar la noche jugando a rol o a juegos de mesa o a la consola hasta que llegue el nuevo día. Bien por ellos, allá cada cual con sus historias. Ya decía Makinavaja que cada cual se corre como puede. En cambio, los más cool argumentan (no sin su parte de razón) que la nochevieja es una noche como cualquier otra. Que el fin de año está colocado arbitrariamente, que desde un punto de vista cósmico no tiene nada de particular, que se basa solamente en un sistema de medida. No hay nada que celebrar, así que no lo celebran. "Me jode que esa noche sea obligatorio pegarse el fiestón", dicen, e incluso tengo cierto amigo radical (trekkie tenía que ser) que dudaba si pasar la noche en casita leyendo.

Servidor, en cambio, se gastó un tercio de su sueldo (extras aparte) en una nochevieja de esas organizadas, en un hotel de Alcañiz, y el único remordimiento es que no puedo evitar que mi maldita cabeza le dé vueltas al tema del aburguesamiento. Pero eso será otro día. La noche fue memorable, más que nada por el buen karma que se gastaron los quince energúmenos -o más bien los siete energúmenos y cuatro parejas- que le acompañaban. Hubo escenas impagables, y atesoro especialmente un par de ellas: el baile (en el que le gasté la broma del rayo de AC/DC al disc-jockey) y el desayuno de Sobras De Sucedáneo De Bogavante De La Cena que se pegó Javi mientras Álvaro y yo bebíamos vodka a las nueve de la mañana, en la barra, al lado de dos guardias civiles que preferían el café con leche.

Adonde quiero llegar es a que ser cool y elegir aburrirse en nochevieja no es más que otra forma de celebrarla, del mismo modo que ser ateo es adoptar una postura religiosa. Supongo que habrá quien disfrute sintiéndose dignísimo mientras pasa las páginas y piensa en esos pobres infelices que están borrachísimos en cualquier lado. Pero haría bien en pensar que, posiblemente, si no fuera nochevieja, habría salido a tomar unas cervezas. Lo dicho: que cada palo aguante su vela y que cada cual se corra como pueda. Pero por una vez creo que la postura más típica y más mayoritaria es también la mejor. Yo, al menos, me divierto. ¿Desde cuándo pegarse el fiestón es obligatorio? Para mí jamás ha sido obligatorio, simplemente suele ser la mejor opción. Las fiestas siempre son por voluntad propia, y la nochevieja no es importante desde un punto de vista cósmico, cierto, pero sí una excusa perfecta.

Y ya que Ramón García no tuvo cojones a decirlo, con lo contento que se habría quedado todo el mundo, a ver qué le costaba, lo digo yo: Feliz 2005.
 

Enviado por Manu, 9:22 PM | Comentarios (13)
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21 de Diciembre 2004

Pajillas mentales: Leyendas de andar por casa

Las leyendas urbanas ya no son lo que eran. Atrás ha quedado la inocencia del conductor que recoge a una abuelita autoestopista (¿o era al revés?) que después resulta ser una asesina en serie. O la niña fantasmal, también autoestopista, que anuncia a los camioneros que la recogen que morirán en la próxima curva de la carretera, precisamente la misma donde murió ella junto a toda su familia tiempo atrás. Y muchísimo más atras ha quedado el Arca de Noé, ya puestos. Las leyendas que brotan en la actualidad son igual de morbosas, pero con un tipo diferente (dejémoslo en diferente) de morbo.

Alejandro Sanz ingresó en un hospital con un desgarramiento anal considerable, aunque maquilló la visita a urgencias con alguna otra chorrada. O eso se decía. Posiblemente no sea más que una ficción, sobre todo porque historias como esa las hay a miles. Ahora mismo me viene a la cabeza la de la pareja gay que gustaba de introducir a su mascota, un hámster, allí donde el sol no brilla. En una ocasión el hamster no quiso salir, así que acercaron un mechero al tubo de entrada para que el animalito se guiara por la luz. La llama prendió una bolsa de gases que a su vez prendió al hamster, que a su vez prendió una segunda bolsa más profunda de gases intestinales. El resultado fue un hamster balístico que salió disparado por el tubo y golpeó en la cara al amigo del mechero. Por internet circulaba un informe médico (creo que todavía lo tengo guardado) que incluía quemaduras rectales y narices rotas y, suponiendo que sea ficticio, es una obra de arte. Y ahí es justamente donde quiero llegar: ¿tan difícil era que Alejandrito hiciera público el informe médico del hospital para acallar los rumores? Tal vez sea que la discográfica de turno se decidió por aquello de "bueno es que hablen de uno, aunque sea mal" y todo sea por vender cuatro discos más. O tal vez sea que el informe del supuesto culo partío fuera a ser más aburrido de leer que otra cosa.

No hace tanto saltó también la leyenda de Ricky Martin en Sorpresa, sorpresa. Al parecer unos padres solicitaron la colaboración del programa televisivo para dar un buen regalo de cumpleaños a su hijita adolescente: el programa consiguió -o eso se decía- que el mismísimo Ricky se presentara en casa para cantar una canción en vivo a la joven, que en ese momento estaba en su habitación haciendo los deberes. Ricky subía las escaleras seguido por las cámaras del programa, dispuestas a inmortalizar la emoción de la criatura al ver entrar a su ídolo. Pero lo que inmortalizaron fue a la chavala desnuda en la cama, con las piernas abiertas y un bote de mermelada en la mano, mientras su perrito Bobby le procuraba un tipo diferente (dejémoslo en diferente) de emoción a lametones. Algunas versiones decían que era paté en lugar de mermelada, o que Ricky estaba escondido en el armario mientras la joven jugaba con su perro. Pero, por extraño que parezca en un programa que tenía tanta audiencia, nadie ha sido capaz de confirmar o desmentir sin lugar a dudas la existencia de esas imágenes. Un amigo de una amiga me juró en una fiesta que él había visto el programa y que la historia era cierta. Y para colmo no cuadraba con mi teoría de la leyenda falsa que se deja correr para obtener beneficios, con lo bonita y conspiranoica que me había quedado, porque una reemisión del programa (aunque solamente sirviera para desmentir los rumores) habría tenido un pico de audiencia estupendo. ¿Por qué no hacerla, entonces?

Al final, no se trata de fe. No se trata de creer o no que algo ocurriera de verdad. Pero sí es cuestión de calidad. No creo que Alejandro Sanz sufriera un desgarro anal tan bestia como para requerir servicios médicos (igual que no me creo la historia del hámster, sólo que es mucho mejor). Supongo que, incluso si tiene sus secretillos, irá con cuidado y utilizará vaselina de la mejor calidad. Además, la historia es demasiado... esto... "causal". Salta la noticia de su visita al hospital y, ¡pum!, al día siguiente empiezan a llegar e-mails con el supuesto desgarro. En una escala de calidad del uno al diez no pasa del dos. Pero la de Ricky es otra cosa. Tampoco es que me la crea (al fin y al cabo, todo el mundo parece tener clarísimo que es falsa), pero si se trata de una invención, entonces es una invención muy bien planeada y ejecutada. No había causalidad, no venía a cuento de nada. No beneficiaba a nadie. Pero tenemos algo en el cerebro que desea que una historia como esa sea cierta. Eso es calidad.
 

Enviado por Manu, 4:30 AM | Comentarios (1)
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30 de Noviembre 2004

Pajillas mentales: Y a ti te encontré en la calle

Einstein no debió pensar demasiado bien en lo que decía [1]. Su teoría acerca del universo se basaba en que las cosas no ocurren porque sí y de un modo absoluto. Cualquier suceso, en realidad, depende de mil factores y uno de los importantes es el punto de vista de quien lo observa, el ojo del contemplador. Por eso se llama Teoría de la Relatividad. Einstein aplicaba sus fórmulas a planetas y galaxias, a tiempo y gravedad, pero incluso él tenía que sospechar que el origen del universo, todavía sin descubrir del todo, es un reto de niños al lado de la maldita mente humana. Mientras tanto, los especialistas en el tema (psicólogos y psiquiatras) emiten teorías como rosquillas, a menudo contradictorias entre sí. Pero tú tranquilo, que si eres un mamón es porque te has quedado en la fase oral, lo arreglaremos con unas pastillitas. Curiosamente, la relatividad y el freudismo coinciden en que ambas teorías exculpan al individuo de sus acciones. A grandes rasgos una y otra afirman que los actos de cada cual son consecuencia de los complejos y de los relojes espaciotemporales. Todo depende de alguna otra cosa. Todo es relativo.

Y así, resulta que necesidades tan evidentes como la de mandar a tomar viento a tantísimo gilipollas suelto como hay se nos vuelven incómodas y resbaladizas. Va a ser que ese tipo es gilipollas porque, pobre, tuvo una infancia jodida. O un mal día, o igual es que no se adapta bien a un ambiente extraño. O le sienta muy mal el alcohol. Que no es que sea gilipollas porque lo es, vamos, sino porque el mundo le ha hecho así o porque nadie le ha tratado con amor. Por cualquier cosa. En el fondo tendemos a justificarlo porque todos hemos hecho el imbécil alguna vez; la mayoría nos hemos levantado en ocasiones con dolor de cabeza y la sensación de que alguien por ahí piensa que somos muy estúpidos después de lo de anoche, y con razón. Y para seguir mirándonos al espejo hemos de admitir que es cierta la hipótesis del mal día, del ambiente extraño, del alcohol. De la relatividad. Y a partir de ahí le dedicamos un segundo pensamiento al tema y nos convertimos en psiquiatras aficionados: claro, si yo mismo (futuro líder espiritual del universo) puedo tener momentos de flaqueza, todo el mundo puede. Y si no son momentos puntuales, si siempre se comporta igual, lo de este tío (o esa tía) tiene que ser por aquello de la infancia jodida.

El problema de este razonamiento es que deja fuera la libre elección. Es totalmente determinista: afirma que las circunstancias de cada cual esculpirán en mármol su grado de gilipollismo. Y aún le veo otro problema más grave: no nos permite mandar al carajo directamente a nadie por mucho que se lo merezca. Porque es que en realidad no lo merece. Lo merecen quienes le han hecho así. Y ni siquiera eso, porque a ellos también les han condicionado sus propias circunstancias. Todo dependía de alguna otra cosa, ¿no? Habría que remontarse al principio del universo para encontrar esas causas a las que echar la culpa de todo, y así poderlas mandar al carajo sin remordimientos. Nada de conversación frívola y escaqueo rapido: os vais a la puta mierda directamente, primeros instantes del universo. Bonito, sí, pero poco satisfactorio: el gilipollas sigue ahí al lado dándonos la murga.

Por suerte, la misma estructura de la ciencia viene en nuestra ayuda. Incluso el desarrollo matemático más complicado se sustenta sobre unos axiomas, y estos axiomas (ahora viene lo bueno) se sustentan en la observación directa. Los tres ángulos de un triángulo suman 180º, por ejemplo. Con el tiempo se vio que esto solamente era cierto sobre superficies planas, así que se cambió el axioma y se creó a partir de ello todo un nuevo y complicado aparato geométrico con triángulos de más de 180º y rectas curvas. La estructura nueva no reemplazó a la anterior, sino que se le puso al lado y se desarrollaron apoyándose una a la otra. Los astrofísicos usan la geometría esférica y en el día a día usamos la plana. Pues muy bien: en el día a día, sobre el pleneta, aquí y ahora, el terreno es plano y las rectas son rectas y los triángulos suman 180º. Y hay mucho gilipollas suelto y no pasa nada por mandarles al carajo. Axioma al canto, apoyado en la observación de que cada uno es dueño de su propio destino, en que ni los padres ni el colegio ni el ambiente determinan al 100% la manera de ser de nadie. En que ser un imbécil puede verse como una claudicación a las circunstancias, pero no como una exigencia del guión. En que si no espabilas es porque no quieres.

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[1] Y de todas formas lo único que hizo Albert fue tener la idea feliz: todo el trabajo matemático duro de verdad lo hizo su amigo Minkowski. Que quede claro. Volver al texto.
 

Enviado por Manu, 11:05 PM | Comentarios (13)
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22 de Noviembre 2004

Pajillas mentales: The spawn from Hell

Lunes 22 de noviembre. Me tienen rodeado. No sé si podré resistir mucho más tiempo. Se acercan. Las tropas enemigas tienen capacidad para minar mis defensas psicológicas, así que esta puede ser mi última oportunidad para transmitir los conocimientos sobre guerrilla educativa que he acumulado últimamente. Sirva este escrito como testamento y crónica de mi final si no logro sobrevivir a este envite, como guía para quienes vengan tras de mí.

Cuando se tiene un aula llena de chavalines (entre 9 y 15 años, aproximadamente) hay dos errores básicos que deben evitarse. El primero, igual que en casi cualquier faceta de la vida, consiste en creerse las películas: una horda adolescente jamás reaccionará bien ante la amabilidad sin matices. No habrá un momento en que recapaciten y se den cuenta de que su profesor sólo quiere lo mejor para ellos. El aula jamás se convertirá en un remanso de paz, florecitas y alegría al estilo de El club de los poetas muertos. No te dejarán manzanas encima de la mesa para que meriendes. No funciona así. Para colmo de males, la horda maligna viene a mí después de pasar todo el día en el colegio, con lo que sus ganas de jarana se multiplican hasta lo indecible. Ante tal situación solamente se puede reaccionar con calma (callar, reclinarte en tu silla y dejar bien claro sin palabras que no explicarás nada hasta que reine el silencio) o bien convertirte en su Némesis y gritar y castigar (un ratito a solas en el aula vacía de al lado, nada del otro mundo) y cambiar de sitio a la gente. Mi principal descubrimiento es que los dos métodos se desgastan por el uso, y se desgastan a buen ritmo. Por tanto el secreto consiste en combinarlos, y aunque uno tienda más a la calma que a los gritos, cuando tengo que desatar el infierno lo desato a base de bien. Mal que me pese.

Dos errores, decía. El segundo consiste en pensar que se interesarán lo más mínimo por los estudios. Y no sólo porque están entre la preadolescencia y los granos (y por tanto sus intereses andan entre Yu-gi-oh y las razones de esos granos), sino porque por fin se empiezan a notar los efectos de ese lavado de cerebro al que llaman ESO. Con lejía incluída, señora. Un par de ejemplos. Primero. La agenda como instrumento de control mental. En los colegios obligan a los niños a comprarse una agenda igualita que la mía, con la diferencia de que yo escribo lo que me da la gana (algún día escanearé la sección "Cosas que bajar de internet") y ellos solamente lo que les dice el profesor. Tanto el maestro como los padres tienen permisos ilimitados de lectura y escritura en la agenda, y de hecho lo que más temen los pobres chavales es que exista comunicación entre uno y otros. Las notitas de siempre, sólo que en versión extendida. En mis labios, la frase "tendré que escribírtelo en la agenda" se convierte en una amenaza terrible porque creen que si lo hago su profe les reñirá por permitir que un extraño mancille las Tablas de la Ley. Y vamos con el segundo ejemplo, que es el gordo. La promoción automática como método de anulación del pensamiento. En la ESO no se repite curso a menos que uno quiera, y no es muy difícil imaginar las consecuencias que eso trae. Muchos de mis alumnos son disléxicos funcionales: saben leer, saben escribir, comprenden la relación entre letra y sonido, pero no entienden lo que leen. Todavía no estoy seguro de si es por falta de interés ("total, paso de curso de todas formas") o por falta de costumbre, pero estoy por llevarles cómics a clase, a ver si se vician. O mejor revistas de tuning, en vista de cómo está el percal. El caso es que si un chaval se sorprende cuando le dices que se lea el texto de arriba para contestar a las preguntas, algo anda mal.

Por suerte, soy un tipo optimista. Así que he decidido tomarme las dos horas que paso con esa jauría de lunes a jueves como una cruzada personal, a ver si en mayo (que es cuando se me acaba el contrato) algunos de ellos son capaces de hacer los deberes por sí mismos. Aunque algunos días, hoy por ejemplo, me tenga que conformar con que no se maten entre ellos.

Había un anuncio de una compañía aseguradora que circulaba por internet. Salían dos chavales discutiendo sobre quién era mejor superhéroe, Superman o Spiderman. Tenían un diálogo bastante ridículo (sobre todo porque está claro que Spiderman mola más y no hace falta discutirlo), que acababa dejando paso a una voz en off que decía: "Esta es la generación que ha de pagar tu pensión. Seguros Patatín". Me gustaría animar a sus creadores a que se vengan una tarde cualquiera y graben la segunda parte del anuncio en mi aula. Aunque se me ocurre uno más terrorífico: "Esta es la generación que votará a nuestros gobernantes. Exíliate a la Luna." En fin, digo yo que todavía tendrá arreglo.

Imagen que no viene a cuento:

Pantallazo

Para que luego digan que los videojuegos no enseñan
lecciones importantes en la vida.

 
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21 de Octubre 2004

Pajillas mentales: Racionalizando

Que cada uno racionaliza las cosas a su manera es evidente. Los niños adoptados deciden que sus auténticos padres son la gente que los ha criado pese a lo que diga el señor Mendel; algunos viajeros deciden que irse de tours organizados no es viajar de verdad; un tipo que conozco dijo una vez que "menos de tres gramos y nueve pastillas no es drogarse". Los ejemplos vienen a cuento porque también es evidente que algunas racionalizaciones son más mayoritarias que otras. La primera la comparte casi todo el mundo, la segunda tiene sus adeptos y la tercera... bueno, dejémoslo en que la tercera es peculiar.

Llevo algún tiempo dándole vueltas al tema del trabajo, supongo que se nota. Mi situación actual es que sigo dando clases particulares y ahora también hago cuatro horas semanales (que espero que se amplíen a seis o siete pronto) en una academia. Con eso aguanto más o menos el mes, sin demasiado vicio. No puedo gastarme 100 euros en un fin de semana loco ni comprarme el último de Terry Pratchett sin pensarlo, pero sí pagar el alquiler, comer, fumar y salir de baratillo. Mi economía es bastante inestable, sobre todo porque me quedaré en bragas si un mes me fluctuan las clases particulares, pero la cosa se estabilizará tan pronto como consiga dos o tres alumnos más. Estoy en ello. Por supuesto, también podría mandar todo a tomar viento y conseguir un trabajo al uso: hacer pizzas, servir hamburguesas, reponer productos en las estanterías del Carreful, convencer a verduleros de que se pongan un ADSL. Ir acostumbrándome para cuando oposite (supongamos) y tenga que seguir un horario estricto. Tener unos ingresos fijos cada mes.

Cambiar mi racionalización del trabajo. Porque en el fondo no es más que eso. La mayoría ve el trabajo como algo necesario, inherente a la vida, incluso como lo único que te define para los más extremistas. En según qué círculos (y la opinión está más extendida de lo que pueda parecer a primera vista) cuesta concebir la vida sin la jornada completa de ocho horas, la pareja, la hipoteca, el seguro del carro y el mes de vacaciones, que este año no me dejan partirlo, joder. Pero en realidad trabajar no es más que la única manera legal de intercambiar tiempo por dinero. Donde difieren de verdad las interpretaciones es en el alcance de ese intercambio. Jornada de ocho horas equivale a estabilidad, a poder afrontar gastos a los que te has comprometido. No seré yo quien diga que está mal, sobre todo si hay gente que depende de uno. Pero cuando no es el caso, cuando no hay hipotecas ni críos ni ganas, se reduce a una cuestión de cómo racionalizarlo. "Es que así no me aburro". "Es que así junto un dinerito para el coche". "Es que así puedo gastarme 100 euros en un fin de semana loco". O por otra parte, mi caso: no lo necesito. Puedo mantenerme -admitido: de aquellas maneras- sin renunciar a otro tercio largo de mi tiempo (porque ya se me va uno durmiendo). Al menos de momento, no debo nada a ningún banco ni gasto dinero en combustible y seguros. Vivo de alquiler y sí, pagando algo más podría meterme en un piso que acabaría siendo de mi propiedad, pero no me rasgo las vestiduras por no tenerlo. En pocas palabras: una jornada laboral de ocho horas no me es necesaria y por lo tanto decido conscientemente no tenerla mientras no me guste el trabajo, mientras sea cuestión de vender el tiempo y no disfrutarlo. ¿Incomprensible? No. Cuestión de racionalización. De alcance del trato que estás dispuesto a firmar.

O eso, o lo que ocurre es que soy un asocial. O un vago, que creo que está peor visto. Tampoco lo negaré tan de buenas a primeras, pero si no os importa prefiero que me llamen "racionalizador minoritario" que "vago". Me consuela saber que, pese a todo, la frase-resumen "no me sale de los cojones currar ocho horas al día" está mejor considerada que "menos de tres gramos y nueve pastillas no es drogarse". Por poco, pero lo está.
 

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15 de Julio 2004

Pajillas mentales: Guarro

Una de las ventanas de mi casa da al patio interior del edificio contiguo. Ahora que hace calor, se juntan las circunstancias de que los vecinos pasen allí media vida y que yo tenga las ventanas abiertas y me entere de todo lo que comentan. Ayer la chavala le preguntaba a gritos a su madre por una prenda suya, perdida al parecer: "¡Mamá! ¿Dónde están mis pantalones de hippie guarra?". Y claro, aunque el primer pensamiento que viene al escuchar algo así sea sobre lo poco lógico que resulta llamar "de guarra" a unos pantalones que luego te pones, la cosa tiene más chicha. Como siempre.

No es que sea nada nuevo: los chavalines de ciertas edades (la del pavo) y ciertos gustos musicales (por llamarlos de alguna manera) consideran una guarrada aberraciones como llevar el pelo largo mientras se conserva el cromosoma XY, tener un criterio poco convencional al elegir ropa o dejar que pase otro par de días antes del siguiente afeitado, que hoy no me apetece. Incluso el hermano de una amiga, un tío muy majo, decía delante de nosotros que por la placita donde se sientan habían pasado "unos guarrillos", sin ser consciente (espero) de que tanto su hermana como un servidor podíamos entrar sin problemas en la categoría. Yo tengo más pintas, ella las ideas más claras. Pero eso no son más que matices: en el fondo lo que critican esas almas de cántaro es tanto la apariencia como la actitud. Es tanto llevar rastas como que no te importe demasiado dormir en un portal si las circunstancias lo requieren. Es tener una forma de ver las cosas... hippie, por decirlo de alguna manera. Aunque curiosamente, luego son estos mini-bakaladeros los primeros en fumar porros, sentarse en la calle y dedicarse a hablar de sus cosas como un guarrillo cualquiera. A estas contradicciones nos han llevado con tanta mierda de sistema educativo.

Por eso me gusta pensar que esa especie de odio no es más que envidia, miedo si quieres, a lo distinto. Aunque sepa que la cruda realidad es que los urbanitas de quince años se han convertido en la abuela bienpensante, cotilla y criticona del pueblo. Pero con bate de béisbol y pegatina del toro de Osborne.

Imagen que no viene a cuento:
 
Hay que ver qué ofertas más raras...
 
¿FUTURO directivo? ¿No preferirían venderme
un puente, directamente? Hay que ver...
 
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5 de Julio 2004

Pajillas mentales: 26 ladrillazos en la nuca

El viernes fui consciente de mi propia mortalidad. Al ir a sacar dinero para comprar unas acciones muy prometedoras en las fiestas del Grao de Castellón, el cajero me salió con que mi Carnet Jove estaba caducado. Maldición. Así de repente, sin avisar. He tenido que ir tirando de préstamos hasta hoy lunes, pero lo peor es que hace un par de semanas me había llegado ya la tarjeta nueva y, por supuesto, no era un Carnet Jove sino una bonita tarjeta de hombretón hecho y derecho, sin descuentos en los cines. El tiempo no perdona y aunque a los 18 pensara que jamás cumpliría los 26 y que viviría para siempre, el ladrillazo que te devuelve a la realidad llegó de parte de la banca. Podría haber sido peor. Podría haber sido la policía.

Los 26 han llegado oficialmente, aunque en realidad mi cumpleaños sea en diciembre y yo vaya ya camino de los 27. La sociedad ya no me ampara. No es solamente que no vaya a poder conseguir descuentos en los cines o en las taquillas del Viña Rock, que eran la única ventaja utilizable del Carnet Jove. Además, este año me he acercado por primera vez a una oficina de la Agencia Tributaria (tenían que devolverme retenciones de Plaza&Janés por revisar libros), y averigüé que desde los 25 mis padres no obtienen ya ninguna ventaja fiscal por darme cobijo en su casa. Si yo fuera un abuelo o tuviera alguna discapacidad la cosa sería distinta, pero como adulto plenamente funcional, la edad tope para que el estado ampare mi apoltronamiento en el hogar familiar son los 25. Habrá que pensar en moverse.

De chavalín se preocupan de meterte en la cabeza que la presión del grupo es lo más peligroso que existe en el mundo, y que ante temas como las drogas hay que hacer prevalecer tu propia opinión (negativa, por supuesto) sobre la de tus compañeros, que te incitan a la perdición. Sí, tus amigos, esos mismos que en los anuncios siempre parecen empeñados en invitarte a todo tipo de sustancias, en clara contradicción con la realidad. La presión del grupo era mala, mala malísima. Pero quienes dicen eso no evitan que crezcas, ni que pase el tiempo, y de repente y sin previo aviso todas las instituciones (empezando por banca y estado) se convierten en el grupo de amigos más peligroso que puedas imaginarte. Si te plantas en tus trece y no les sigues el juego, no se conformarán con mirarte mal y no invitarte a sus fiestas, no. Usarán todos sus medios, esos super-poderes que tienen para intervenir allá donde les plazca y que les vienen de tenernos agarrados por los euros, para hacerte la vida imposible. Y aunque comprendo la necesidad de los impuestos, aunque yo soy el primero que se muere de ganas de ahuecar el ala de casa de papá, no deja de tocar las narices que tenga que ser "ya y porque yo lo digo".

Todo menos dejarme seguir tranquilamente con mi complejo de Peter Pan, leñe, con lo a gusto que yo estaba.
 

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17 de Mayo 2004

Pajillas mentales: Jerga

Me equivoco en muchas cosas y es hora de admitirlo públicamente. A finales del año pasado hice aquí algunas predicciones para 2004 que han empezado a caerse por su propio peso. Otras aguantan (creo que el disco nuevo de Bisbal no incluye ningún dueto con Enriquito Iglesias que lo haga aun más horrible), pero justo es reconocer que nunca hubiera pensado que el PSOE fuera a ganar las últimas elecciones. También admito que tal vez exageré un poco al pintar a Zetapé de poco menos que monjita de clausura, también aquí. Pero de lo que no tendré que retractarme es de afirmar que, a poco más de un mes de las elecciones, estoy hasta las mismísimas de la retórica de la corrección política y el buen rollito que se gasta el gobierno. El "nuevo talante" que sirve para una "regeneración democrática" me tiene harto, y no porque me parezca mal una actitud "dialogante" por parte de los políticos sino porque el movimiento se demuestra andando y no machacando consignas hasta el vómito. Que no protesto del fondo (no demasiado, al menos), sino de las formas: de la falta de variedad.

Hace unos meses traduje al inglés un artículo científico sobre el buitre leonado que habían escrito unos amigos y acaba de ser publicado. Los autores me contaban el otro día que en la revista en cuestión le habían puesto algunas pegas a mi traducción; no por incorrecta o inexacta, sino porque decían que el lenguaje era demasiado colorista. Les informaron de que en una publicación científica no hay ningún problema por repetir una misma palabra diez veces en un mismo párrafo, aunque haya sinónimos disponibles. De hecho, les informaron de que era incluso mejor utilizar todas esas veces el mismo término para fijar conceptos y no marear a los lectores. Cuando me lo contaron no me lo creía, pero en realidad este hecho explica un par de cosas: (1) que las revistas científicas tienen un pobre concepto de sus lectores si creen que un recurso estilístico tan complicado como la sinonimia conseguirá dejarles en blanco, y (2) que aburrir hasta dar pereza es un recurso válido para tatuar conceptos en la mente de aquel a quien se aburre.

Como ejercicio para casa, extrapólese el razonamiento y las conclusiones del segundo párrafo a las premisas sobre Zetapé y sus ministros que se presentan en el primero. Conclúyase que llevaba razón Un Pingüino En Mi Ascensor cuando cantaba aquello de que En la variedad está la diversión. Tiempo.
 

Enviado por Manu, 8:09 PM | Comentarios (5)
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5 de Mayo 2004

Pajillas mentales: Libre indirecto

Cuando no me queda más remedio que ver algún partido internacional de fútbol, y tampoco es que los nacionales me gusten demasiado, suelo ponerme del lado del equipo extranjero. Este hecho sorprende a veces a gente que me conoce poco. Ponen cara de confusión, supongo que dudando entre si soy alemán (pongamos por caso), antiespañol o simplemente gilipollas, y yo tiendo a sacarles pronto de dudas ("no, ninguna de las tres, vamos, digo yo") porque la gente se pone muy becerra con el deporte patrio. Y más todavía con el equipo patrio.

Desear que gane Alemania en un partido contra la selección nacional no tiene nada de extraño. Si lo hace, España no estará en el próximo partido y un servidor vivirá ese poquito mejor. No le llenarán los telediarios con reportajes sobre la afición esperando a sus ídolos en el aeropuerto, habrá alguna camiseta nacional menos por la calle (siempre acojonan) y sus amigos aficionados al fútbol le dejarán ver la tele en paz o saldrán en lugar de quedarse a ver el partido, según sea el caso. Todo son ventajas. "Ah, bueno, vale, es que a ti no te gusta el fútbol". Exactamente. Aunque también me da un poco de repelús tanto orgullo patrio, para qué engañarnos.

Nunca he comprendido muy bien qué hace la sección de deportes dentro de los telediarios y los periódicos. Por mucho que interese a la gente, no comprendo la razón para que el nuevo peinado del de siempre sea más noticia que, por ejemplo, el nuevo disco de Sabina. Y no digo esto porque crea que sería conveniente incluir una sección de música en las noticias, sino porque me parece aberrante que la mitad del tiempo de información se vaya en goles, entradas, fichajes y demás chanchullos. El noticiario del Plus me parece perfecto en ese sentido: no tiene sección de deportes. Admitido, los deportes (en programa aparte) ocupan más tiempo de emisión. Pero puedo esperar a las Noticias del Guiñol sin tragarme los goles de la jornada por narices.

Que tampoco es que vaya a escaparme del conocimiento futbolístico por mucho que evite los programas de deportes, pero viviría más a gusto si no supiera que el Valencia tiene todas las papeletas para llevarse el campeonato de liga, y que cuando eso ocurra no se podrá ir por la calle de tanta bandera, tanta bocina y tanta gente gritando Amunt València desde los coches como si no hubiera mañana.
 

Enviado por Manu, 3:05 PM | Comentarios (4)
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25 de Abril 2004

Pajillas mentales: El sillón M

Advertencia: Razonamiento resacoso.

El novio de mi amiga Bego es brasileño. Por tanto, habla portugués. Apenas se defiende en castellano pero es capaz de entenderlo si la gente le habla despacito, lo cual plantea el primer problema a la hora de mantener una conversación conmigo: hablo bastante deprisa. Puedo tratar de controlarme y reproducir a x1/2; me agobio enseguida, pero al menos la comunicación existe. El problema de verdad, el que tiene una solución más difícil, es el vocabulario. Sobre todo, el vocabulario que utilizo yo (y todos) en conversación.

La jerga. Un recién llegado difícilmente será capaz de contestar a la pregunta "¿Estás currando en algo?", y yo difícilmente la plantearé utilizando palabras distintas. Quien escriba igual que habla, que tire el primer comentario. Yo me convencí de que hablo incluso más con el culo de lo que pensaba, pero entonces vi la luz. Le dije algo como: "¿Dónde se ha metido Bego?", y tampoco me entendió. Eh, ahí no había ninguna palabra en jerga. Yo lo había comprendido todo mal desde el principio. No es que hable mal: es que hablo extremadamente bien. Utilizo con tanto éxito los recursos lingüísticos (como el de introducir un taco cada tres palabras) que soy totalmente hermético a oídos de cualquiera que no domine la lengua castellana. El resultado viene a ser el mismo (no se me entiende), pero yo me quedo más tranquilo.

Iba a ponerme a hablar de normalización lingüística, pero casi mejor lo dejo para otro día menos espeso.
 

Imagen que no viene a cuento:

Mis tres nuevos drimis

¡Mis nuevos drimis!
Y todavía me falta hacerme el de la Muerte...

 

Enviado por Manu, 4:10 PM | Comentarios (8)
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19 de Abril 2004

Pajillas mentales: Más triste es robar

Antes me costaba horrores pedir cosas. No que me dejaran libros o cómics, o dinero, sino que me hicieran favores. No me era posible. En mi mente había una extraña combinación de humildad ("en realidad no hace falta molestar, puedo hacerlo yo mismo") y orgullo ("en realidad no hace falta molestar, puedo hacerlo yo mismo") que creaba alguna especie de cortocircuito neural y me complicaba bastante la existencia. Y por alguna incomprensible política de devolución de favores, o simplemente porque a la gente también le gusta ser buena, observé que mi modus operandi de ofrecer y hacer favores al prójimo sin esperar ni aceptar nada a cambio tenía dos efectos. En unos, esta forma de actuar era aceptada sin reservas: los que jamás se levantan a abrir la puerta, ni a preparar calimocho, ni a coger el azúcar para el café. En otros, reparo y un sutil rechazo: los que no comprendían, porque era incomprensible, que fuera yo quien no dejaba que se levantaran a traerme el café en sus propias casas.

La cosa ya ha cambiado, desde luego. Ni me ofrezco siempre a hacer las cosas que deben hacerse (porque no acabaría nunca), ni me inhibo tanto a la hora de solicitar prebendas cuando la ocasión lo requiere, cuando hay una descompensación razonable entre el esfuerzo que le supone a la otra persona y la satisfacción que me proporciona a mí su trabajo. La descompensación, obviamente, a favor de mi satisfacción. Cualquier otra opción, y sobre todo la que yo tenía antes como propia, no tiene sentido. Y además, en cierto modo, acaba molestando a la gente que no debe.

El otro día estaba en el supermercado, haciendo cola en la caja con mi padre, cargados con botellas de agua porque, cuando aparezco por Castellón, el consumo hídrico de mi hogar materno se multiplica considerablemente. Cosas de las resacas. En la caja de al lado, la dependienta de la carnicería acababa de pillar a unos novatos en el arte de robar, a juzgar por el tamaño de las bandejas de pollo empaquetado que intentaban ocultar en sus cazadoras. La gente se indignó mientras los aspirantes a Robin Hood (sospecho que, en este caso, los pobres entre los que repartir el botín eran ellos mismos) salían del supermercado con la cabeza gacha. Y los honestos compradores, mi padre incluido, comentaban que en el albergue se puede conseguir comida y que, de todos modos, si la hubieran pedido en el supermercado probablemente se la hubieran regalado. Se indignaron, decían, no por el hecho de que alguien robara para comer, sino porque los muy orgullosos no habían sido capaces de pedirlo humildemente. Dada la concurrencia del supermercado a aquellas horas, dudo bastante de la versión oficial, igual que con el 11-M. Pero sirve para ilustrar, en cierto modo, que todos (no solamente yo) nos sentimos ese poquito mejor cuando le conseguimos a alguien algo que necesita. Y que para que eso pueda ocurrir, también es necesario que expresemos las necesidades de vez en cuando. La otra actitud, mire usted por dónde, acaba llegando al egoísmo desde el otro lado.

Y además está muy bien que, por ejemplo, de vacaciones en el pueblo de un amigo, te traigan un zumito y algo de fumar a la cama cuando estás de resaca. Y eso sí que hubiera sido complicado de robar.
 

Imagen que no viene a cuento:

Encarguito para Amazon...

Ya queda poco para ponerme al día...

 

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14 de Abril 2004

Pajillas mentales: ¿Tan malo es?

Y yo que quiero estudiar Mates... ¿Tan malo es?.

- ALan creWitch, comentario en este blog.


Muchas veces me hago la pregunta de qué decirle a la gente cuando quiere saber si le conviene apuntarse a estudiar matemáticas en la universidad. Y generalmente tiendo a pensar que no se lo recomendaría a nadie ni borracho, pero ahora que de verdad estoy en la disyuntiva, hay que hacer algunas puntualizaciones. Primera y principal, que no se lo recomendaría a nadie en la facultad de Burjassot. No sé cómo será el resto de universidades. Aquí, salvo contadas excepciones en profesores y asignaturas, el único mérito necesario para acabar la carrera es la capacidad de memorización. Incluso los ejercicios prácticos se corresponden a "tipos" cuya manera de resolverlos se reduce a un algoritmo a recordar.

Y no es sólo eso. Las matemáticas "de verdad" son muy distintas de lo que se estudia en el instituto. Allí son más bien intuitivas; en la facultad, y esto sí vale para todas, son extremadamente formales. Pocas asignaturas se prestan a una visión gráfica y poco sesuda, aunque admitiré que también las hay. Pero recuerdo la impresión que nos llevamos David y yo el primer día de carrera cuando entramos en una clase y la profesora escribió "Definición" en la pizarra, lo subrayó y se lanzó a definir axiomáticamente los números reales y a demostrar resultados sobre ellos sin siquiera introducirnos la asignatura. Sin siquiera decirnos su nombre, ahora que lo pienso.

La carrera tiene su lado bueno, por supuesto. Tiene asignaturas de astronomía que están muy bien. Tiene ramas preciosas, como la Topología o los fractales, y es innegable que refuerza considerablemente la capacidad de pensamiento lógico. Supongo que por esas razones inicié yo la carrera. Pero quien vaya a meterse en un berenjenal tan grande haría bien en plantearse si le compensa tanto formalismo, tanta construcción axiomática. Tanto empollón.

Y tanto aburrimiento al cabo de los años...
 

Enviado por Manu, 1:56 PM | Comentarios (16)
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6 de Abril 2004

Pajillas mentales: Agobio pre-vacacional

Todos los años me ocurre lo mismo. Acaban los exámenes de febrero y llegan carnavales. Pasan carnavales y, en un pis pas, aquí están las Fallas (fiestas que suelo ignorar sin motivo racional aparente) y las fiestas de la Magdalena (que merman año tras año mi capacidad cerebral). Y ahora las vacaciones de semana santa. En conclusión, que ni siquiera soy consciente de que tengo asignaturas que atender en la universidad hasta bien entrado abril, y para entonces llevo tanto tiempo sin aparecer por la facultad ni a decir hola que se hace cada vez más complicado presentarme allí, inventar alguna excusa para los profesores "mamá" y ponerme las pilas. Más complicado y menos apetecible.

Ayer estuve tomando cervezas con dos amigos que no veía desde hace bastante tiempo, ambos flamantes licenciados en Matemáticas. Acabamos sacando el tema del agobio existencial, de las pocas ganas de estudiar después de tantos años. El caso es que llevo muchos años estudiando cada febrero, junio y septiembre y matriculándome cada octubre. Demasiados. Tantos que, en ocasiones, tengo que recurrir a "lo poquísimo que me queda para acabar" para no enviar la carrera a tomar por culo, buscarme un trabajo que me permita mantenerme mejor que las clases particulares y la ocasional revisión de libros para Plaza&Janés (es decir, buscarme cualquier trabajo) y jurarme a mí mismo que no permitiré que nadie más vuelva a juzgar mis conocimientos utilizando como única base mi capacidad de memorización. Pero sigo recurriendo al "total, para lo que me queda sería una lástima" y a pensar que seguro que es genial poder decir que soy licenciado en Mates.

En pocas palabras, tengo una falta de motivación monumental. Sé que solamente tengo que pegar un empujón serio en junio y otro en septiembre para poder colgar el título de la pared, pero no tengo ganas de darlos. El título ya no es un incentivo tan fuerte como lo fue, principalmente porque soy consciente de que no termina ahí: falta estudiar el CAP y las oposiciones si quiero ceñirme al objetivo inicial de acabar con un horario y un sueldo cojonudos en un instituto. Y ni siquiera esto me atrae ya tanto.

Las horas de estudio no tienen una recompensa inmediata. Ya he dicho por aquí que nuestro valor más preciado es el tiempo, y preparar exámenes supone invertir cantidades ingentes de él en comprar una posibilidad. Incluso suponiendo que estudiar implicara aprobar (cosa que en mi carrera no es cierta ni mucho menos), seguiría invirtiendo el tiempo en comprar la posibilidad de seguir estudiando (CAP y oposiciones) para comprar la posibilidad de, tal vez, una serie de sustituciones en institutos que me garantizarían, a muy largo plazo, una plaza. Demasiada posibilidad, demasiada inversión de tiempo, demasiada poca certeza. En mi mente está cada vez más clara la tendencia a mandarlo todo a la mierda.

Pero he llegado a un acuerdo conmigo mismo. Daré ese último empujón. Haré esa inversión de tiempo. Estudiaré duro para junio y seguiré estudiando duro para septiembre. Pero si no termino la carrera este año, la situación cambiará radicalmente. Buscaré un trabajo, cualquier trabajo, que me permita vivir sin demasiados agobios y me tomaré la carrera (porque de verdad quiero ser licenciado en Matemáticas, aunque no utilice la licenciatura para nada útil) con mucha calma. Sí, incluso con más calma que durante todos estos años.

Supongo que tendré que pulir un poco el razonamiento, pero hay tiempo para ello: el jueves salgo hacia una playa perdida en la costa almeriense en la que nos dedicaremos, básicamente, a hacer el hippie hasta el lunes que viene. Me llevo libreta, que seguro que hay momentos más que de sobras para escribir algo y colgarlo aquí a la vuelta, pero no garantizo fotos. La frase "nada de cámaras, y mucho menos digitales" ya se ha oído entre las féminas del Comando Nudista de Exploración de Playas Perdidas...
 

Imagen que no viene a cuento:

travelo.gif

Hay que ver lo que se encuentra uno por la red.
¿Travelocity? A lo mejor también es un buen
destino de vacaciones, quién sabe.

 

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31 de Marzo 2004

Pajillas mentales: Virus y duendecillos

Para colmo de males, he pillado un constipado enorme que me ha tenido un par de días sin salir de casa y me permitirá hacer poca vida social durante lo que queda de semana. Por sí mismo, no sería un dato demasiado preocupante. Pero cuando me quedo encerrado en casa, y sobre todo cuando me quedo encerrado después de las buenas fiestas, me acosan los duendecillos.

El de la Desidia es un pequeño cabroncete gris que se ha aprovechado de que ya no tengo ningún libro que corregir ni demasiado que hacer hasta las vacaciones que empiezan la semana que viene. Me hace encender el Final Fantasy VIII para pasármelo por segunda vez y dejarlo a los cinco minutos, o apartar el libro que me regaló Evian y dejé de lado al recibir Monstrous Regiment (Pratchett es Pratchett) cuando todo apunta a que seguramente me gustará mucho. El del Insomnio es uno de los duendes más peligrosos, aunque finalmente conseguí darle un manotazo a eso de las siete de la mañana, aturdirlo y echarlo por el retrete mientras me helaba de frío. Volverá, pero no creo que sea hoy. El problema es que siempre actúan coordinados: Insomnio y Desidia van cogidos de la mano, y entre ellos se las apañan para dejar entrar a los más peligrosos: Nostalgia y Mirada Torva.

Nostalgia. Menudo hijo de puta. Me ha tenido dos días a su merced, sin siquiera darme cuenta. Escuchaba arrullos y risas en la habitación de al lado y no era capaz de alegrarme, como suelo hacer, sino solamente de pensar en la cantidad de tiempo que hace desde que tuve ese nivel de intimidad con alguien. Incluso me hizo añorar más la intimidad y las risas que el sexo (compartido), y cuando un hombre llega a ese nivel es porque la situación es crítica. Mirada Torva, su compinche, me impedía cambiar de punto de vista. Me prohibía tomarme la inactividad como el par de días de descanso que tenía merecidos después de tanta fiesta, y el constipado como el resultado lógico de tanto desfase. Me impedía pensar que llegarían tiempos mejores. Le daba patadas en los cojones sin parar al pixie de la esperanza, si se me permite estirar un poco más una metáfora gastada.

Por suerte, hoy ha hecho sol, y eso siempre ayuda . He salido de casa para ver a David y trastear con este ordenador (que El Puercoespín ha de salir mañana) después de recibir una llamada de Paga&Jódete, en la que Mònica alababa la revisión de Soul Music que les entregué la semana pasada. Inyección de autoestima en vena, que reforzaré mañana comprando la edición de Brujas de Viaje en que se me nombra como revisor para enseñársela a mi madre, que ya está bien de darle disgustos.

Igual hasta me animo a tomarme una cervecita mañana y, ya que con los virus es más complicado, hago así limpieza definitiva de duendecillos: el del Mono de Alcohol todavía ronda por aquí...
 

Enviado por Manu, 10:22 PM | Comentarios (7)
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29 de Marzo 2004

Pajillas mentales: Rutina

Dicen por ahí que no sabe uno lo que tiene hasta que lo pierde, y supongo que de tanto repetirla la frase se ha hecho cierta. No sabe uno lo asquerosa y repelente que es la rutina hasta que la pierde. No sabe uno lo aburrida y monótona que es la vida real hasta que se pasa una semanita completa de jarana. Es triste que no todo el mundo pueda pasarse, aunque sea una vez en la vida, 11 días seguidos de borrachera sin dar un palo al agua. Y es incluso más triste que no todos los que pueden hacerlo lo hagan.

Las fiestas no solamente son deseables, sino casi necesarias: son algo que nos recuerda que levantarse-a-las-siete-para-currar no es la única forma en que pueden ir las cosas. En Castellón, sin ir más lejos, muchos de nosotros nos hemos pasado una semana entera sin trabajar; de quienes han trabajado, la mayoría tenían días libres o al menos los horarios bastante más relajados y una cierta permisividad en cuanto a llegar chispeadito al curro por la tarde, después de pasar por el Mesón del Vino, y ser considerablemente menos eficiente. La productividad de las empresas castellonenses se reduce drásticamente durante las fiestas de la Magdalena y, coño, el mundo no se acaba. Yo, al menos, no he visto a ningún Jinete del Apocrilipsis. Digo yo que no podríamos mantener ese ritmo mucho tiempo o las leyes de la macroeconomía nos mandarían a la mierda, pero la semana de fiestas demuestra que no es necesario trabajar tan a destajo. Que no pasa nada por reducir considerablemente la producción de azulejo durante una semana, así que tampoco pasaría nada porque todo el mundo entrara a currar una horita más tarde todos los días.

Y sí, digo esto sin tener ni pajolera idea de economía, pero yo creo que la gente se tomaría una medida así con tanta alegría que ni siquiera se notaría la disminución de beneficios. Y aunque se notara, ¿a quién le importa? Seríamos mucho más felices y no echaríamos tantísimo de menos las fiestas una vez que terminan. Magdalena Vitol, que decimos aquí. Hasta el año que viene. A ver si me pasan las fotos...
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9 de Marzo 2004

Pajillas mentales: Cita a ciegas

Me presenté arrastrando un trancazo enorme. No, espera, mejor rehago esa frase. Me presenté arrastrando mi constipado, aunque con los síntomas aletargados por el Frenadol. La cafetería de la Fnac tenía una mesa libre, pero a mí me faltaba una flor para dejar encima y ser reconocible como habíamos acordado. Alguien se había dejado un periódico y, mientras lo leo, suena el móvil. Antes de cogerlo, el sonido se ve sustituído por una mujer (llamémosla Evian) que utiliza la tecnología para suplir mi falta de palabra, con lo poco que me hubiera costado arrancar aunque fuera una hojita de las plantas de casa. La cuestión, estirando el tópico, era llevar algo vegetal. Ella es morena, sonríe mucho y lleva libros y un sostén verde. Pide un café con leche y rompemos el hielo hablando de este blog, de cómo lo encontró ella [1] y, sobre todo, de la vergüenza. O más bien de su ausencia, teniendo en cuenta que cualquiera de los dos podría haber sido un asesino en serie, en mi caso inventando historias falsas en un blog para atraer víctimas en potencia.

No deja de ser curioso que seamos capaces de expresarnos tan sinceramente con completos desconocidos como con amigos de toda la vida. La gente que está enmedio, los compañeros de trabajo o los conocidos del instituto o de bares, requieren algo más de tacto: no conocen exactamente tu manera de ser pero sí tienen algunas pistas, te han tratado, tal vez tengáis amigos comunes, volveréis a encontraros y por todo ello acaba entrando en juego el "qué pensará de mí". No de manera radical, al menos en mi caso. No hasta el extremo de dar una imagen demasiado falseada, pero sí lo suficiente como para contener frases del estilo de "No, si ya te he mirado el culo cuando ibas a la barra" o "Lástima que me haya dejado las esposas en casa", que soltarás sin reparos (acompañadas de una sonrisa, por supuesto) a desconocidas a la primera de cambio. Siempre que sean tan majas como la que nos ocupa, claro.

Supongo que cuando no se tiene nada que perder, cuando no hay una relación anterior que pueda cambiar por una frase mal escogida, es cuando se puede beber vino con la tranquilidad de que una grosería graciosa, un eructo o un chascarrillo a costa de la otra persona no traerán consecuencias. Exactamente igual que con los buenos amigos, que ya están curados de espantos y seguirán queriéndote por muchos exabruptos que te vengan a la boca.

El vino y las tapas los pagó ella. El whisky de la próxima vez, ya veremos.

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[1] "No siga leyendo" es una frase de Hamlet, quién lo iba a decir. Cuando Google trajo aquí a su amiga Sofía, el último post iba sobre la traducción, y ella es traductora. De ahí a la cafetería de la Fnac, unos cuantos e-mails. Quieras que no, es mejor historia que "entró buscando centros para aprender a jugar al mus en Google". Volver.

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2 de Marzo 2004

Pajillas mentales: Brasa

Anoche ocurrió algo. En una vida casi sin incidentes como es la mía últimamente debería alegrarme, pero la cosa no fue para echar petardos.

Viendo una película después de cenar, empezamos a oír jaleo. No era el hámster de Pau. No era la perra cuya dueña es Ana. Venía del piso de arriba: había cacao. Dentro de lo que cabe, la cosa no era demasiado extraña. Subimos un poco la voz del televisor para no enterarnos de los detalles, pero un "¡Socorro!" no es para ignorarlo, así que salimos a la escalera a ver qué pasaba. El vecino de enfrente iba a hacer lo mismo, pero volvió a meterse en casa al ver que aparecíamos nosotros. El otro vecino de arriba, con más valor dadas las circunstancias, ya estaba llamando a la puerta del piso de los gritos. Esperamos un momento y por fin se abrió. Apareció el vecino (el marido, supongo) con cara de circunstancias y explicó que la mujer padecía un trastorno bipolar, de ahí los gritos. Le preguntamos si le había pegado y lo negó, cariacontecido, hasta el punto de invitarnos a pasar para comprobarlo o llamar a la policía si no confiábamos en él. Parecía hundido. Creímos su historia y volvimos a casa, dándole un voto de confianza pero pensando en marcar el 112 al primer indicio de nuevo jaleo, que ya no se produjo. Puede que hiciéramos mal. Puede que tuviéramos que haber entrado, pero hubiera apostado cualquier cosa a que el pobre hombre decía la verdad.

Pero lo importante aquí es que salimos a la escalera. Escuchamos un grito y acudimos a ver qué ocurría, a impedir que una mujer fuera maltratada si se daba el caso. Y eso me ha hecho cambiar de opinión sobre los telediarios. Solía pensar que se cebaban en la sangre, que daban noticias sobre violencia de género para rellenar, sólo por el morbo. Si de mí dependiera, el 75% de noticias de los noticiarios serían eliminadas, empezando por la sección de deportes. Ahora el porcentaje se queda en el 60. Si hace falta que en cada telediario hablen del tema para que la actitud normal sea la que nosotros tuvimos, adelante con ello. Vengan esas mujeres maltratadas, ya que están, e impidan que haya más. Venga esa sangre.

Sin embargo, me gustaría que alguien me explicara la utilidad de las noticias sobre el nuevo disco del puto Bisbal. O sobre la boda del príncipe.
 

Enviado por Manu, 9:52 PM | Comentarios (2)
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15 de Febrero 2004

Pajillas mentales: Punto y seguido

Se dice mucho eso del "año nuevo, vida nueva" y la gente se dedica a hacer buenos propósitos en nochevieja, cuando lo cierto es que a la hora de plantearse cambios en la vida es mucho más significativo el uno de septiembre que el uno de enero, y si no que le pregunten al señor Planeta Agostini por qué saca tantos fascículos coleccionables en esas fechas. Al menos para los estudiantes universitarios, también son síntoma de aire fresco los exámenes que acaban y los cuatrimestres que empiezan. Siempre hay momentos más proclives que otros a los virajes, y cualquier cosa que implique un cambio de rutina es un momento propicio, una buena excusa para dar un golpe de timón, por mínimo que sea. Yo terminé los exámenes el viernes pasado y ahora, domingo de resaca, llega el momento de plantearse sobriamente cómo de distintas serán las cosas en adelante, y no lo digo por la excursión planeada a los carnavales de Alicante y Pego el fin de semana que viene.

La idea es ir a clase. La idea siempre es ir a clase, aunque luego pase lo de siempre y sólo se me vaya a ver el pelo en las asignaturas interesantes de verdad. La idea es encontrar tres o cuatro alumnos para no ir siempre tan tirado. La idea es tratar de quitarle un poco de tiempo a internet e invertirlo en repasar un poco, aunque dudo mucho que esto último vaya a ser puesto en práctica. La excusa es el cambio de cuatrimestre. Si la nochevieja fuera una coma, febrero sería un punto y seguido. Septiembre, un punto y aparte. O un cambio de página. O algo. La resaca siempre me pone retórico, pero hay un límite para los símiles, so pena de acabar comparando el día de los enamorados con un símbolo de porcentaje. O de dólar.

De momento, cambio de explorador de internet. Ayer mismo descargué el Mozilla Firefox (libre y gratuito), un tema de apariencia que me gustó y el plug-in para Flash, y no tengo más que alabanzas para mi explorador nuevo. No es que me molestara pasearme con el Microchof Internet Explorer (TM), pero ahora que veo las alternativas soy consciente de lo cómodo que es tener cuatro páginas abiertas en una misma ventana, que se bloqueen los pop-ups que tú no pidas, que el navegador lleve integrada la búsqueda en Google o que importe fácilmente los favoritos que tenía en el Internet Explorer, abandonado definitivamente de ahora en adelante.

Por algo se empieza.
 

Logo del Firefox
Logo del Mozilla Firefox

 

Enviado por Manu, 5:18 PM | Comentarios (5)
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27 de Enero 2004

Pajillas mentales: Astrofísica

El examen de hoy (que, por cierto, ha ido de puta madre) me ha demostrado una vez más que la tradición es mucho más poderosa que la ley. Era de Técnicas Observacionales de Astrofísica, y el profesor ya había avisado que no era más que un trámite para no dar un aprobado general, unos ejercicios que servirían para distinguir a quienes habían hecho algún caso de la asignatura de los que no. Lo primero que ha dicho el buen hombre al entrar en el aula ha sido: "Podéis sacar los apuntes y hablar moderadamente entre vosotros". Alto y claro, sí señor. Sin lugar a ambigüedades. La clase no puede convertirse en un mercado en hora punta, pero se puede comentar el examen con el vecino. Lo siguiente que ha hecho ha sido encender un cigarro y salir del aula para fumárselo mientras todos contestábamos a las preguntas más fáciles.

Con el hombre de nuevo en clase, me ha asaltado una duda. No sabía exactamente a qué se refería la pregunta 3, así que me he girado para preguntárselo a un colega. Cara de incomodidad por parte del colega, gente mirándome raro en el aula. No hemos cruzado más que dos frases porque me daba reparo agobiarle más, pero han sido suficientes para que me pasara los apuntes de una clase que me perdí, en los que estaba la respuesta. Entonces el profesor ha vuelto a abandonar el aula y, esta vez sí, la clase en pleno se ha convertido en el patio de un colegio. Al poco, el profesor ha entrado ruidosamente, avisando de su llegada. Silencio absoluto de nuevo, que el buen hombre ha aprovechado para decir: "¿Pero no os había dicho que podéis hablar? ¿Qué hacéis tan callados de repente? Si casi parecéis alumnos".

Las reglas del examen estaban claras desde el principio: apuntes sobre la mesa, conversación autorizada. Pero el caso es que los exámenes no funcionan así. En un examen no se habla abiertamente, igual que en viernes santo no se come carne, y aunque la ley vigente diga que no pasa nada sigue habiendo gente (llámalos despistados, llámalos borregos) que sigue la tradición a rajatabla y no se atreve a girarse para comentar la jugada con el de atrás en presencia del amo y señor. Por muy de buen humor que esté, cosa que era previsible porque la sonda europea Mars Express ha encontrado pruebas de agua en Marte y, en sus propias palabras, "eso es una patada en el culo para los yanquis, que en nuestra primera misión hayamos tenido un éxito así". Pero si incluso ha insinuado una subida lineal de un punto en la nota para celebrarlo, leñe.

No es que tenga mucho respeto por la ley normalmente, pero para una vez que te favorece en algo manda huevos que la gente renuncie a la ventaja y se ciña a la tradición. En fin, allá ellos, que yo ya estoy bien contento con mi aprobado en Astrofísica.

Enviado por Manu, 6:47 PM | Comentarios (5)
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22 de Enero 2004

Pajillas mentales: Viagra por e-mail

Siempre que abro el e-mail me pregunto si todo el mundo tendrá problemas de erección y yo soy de los pocos afortunados que no los acusan todavía. Bueno, en realidad no me lo pregunto siempre que leo el correo, pero sí algunas veces, sobre todo cuando toca limpieza semanal de la carpeta de spam o cuando el filtro falla y me llegan al buzón otras ofertas aparte de las de InfoJobs. La siguiente imagen es una muestra del aspecto que tiene normalmente mi basurero:

Mi buzón de spam

He de reconocer que el primer spam de Viagra personalizado que me llegó, un "Mavide, V*i*a*g*r*a for you", me asustó un poco. ("¡Maldición, aquel día iba borrachísimo! ¡No era como para chivarse a las empresas de spam!") Pero ahora, acostumbrado al abuso de 50 mensajes-basura diarios, me da que pensar. Los que no te ofrecen citas a ciegas o "free porn pics", es porque pretenden alargarte el pene o venderte pastillitas mágicas de las que no te ponen babosín, pero se aseguran de que cumplas en caso que el babosismo compartido ocurra por sí mismo. Y estos últimos son mayoría. Y si se siguen enviando es porque funcionan, porque hay un porcentaje (por nimio que sea) que responde, o al menos lee, estos mensajes. El siguiente paso lógico es concluir que el planeta se enfrenta a una hecatombe, a su mayor desafío: la impotencia generalizada de los varones humanos.

Por otra parte, supongo que la venta de Viagra por internet está condenada a funcionar. Ahora que ya se ha perdido la vergüenza a comprar condones, queda el qué diran si se sabe que uno necesita medicamentos para mantener una erección en condiciones. La impotencia, ya que no el sexo, sigue siendo un tabú por mucho que lo intente normalizar Pelé. Y esto nos da una explicación más tranquilizadora del fenómeno: no es que haya una temible plaga de impotencia, sino que aquellos que la sufren prefieren el anonimato al comprar remedios. O eso, o es cierto aquello de que el gran problema de España es que aquí se folla poco, dato del que puedo dar constancia empírica.

Me vuelvo a casa a estudiar, que las conclusiones me están empezando a dar miedo.

Enviado por Manu, 10:23 PM
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12 de Enero 2004

Pajillas mentales: Mi lado femenino

Sigo pensando en los efectos de la edad, comparando la vida de quien ya rebasa los 25 con los años de adolescencia. Cualquier excusa es buena para dejar de lado los exámenes y los plazos de entrega, al fin y al cabo, aunque no sé si esto de darle vueltas al paso del tiempo será óptimo para crear un ambiente positivo de estudio. Como anécdota, mi clase de astronomía de hoy trataba sobre la evolución y muerte de las estrellas, casualidades de la vida. ("Oye, antes de convertirme en una supergigante veía las cosas de otra manera", dirán.) Habrá que consultar libros de autoayuda. O casi mejor que no.

El caso es que, por lo general, observo que se tiende a ser más conservador con los años. Ya, bueno, vaya novedad, lo sé. Las estrellas tienden a explotar, nosotros a hacernos fachas. No lo digo por mí, pero amigos que hace tiempo tenían mi misma ideología ahora me llaman "rojillo" medio en broma; se preocupan menos de temas como el paro o la sanidad ahora que ya no son temas abstractos, ahora que les cubre una nómina y un seguro médico. No es la norma, claro, pero sí una tendencia comprobada: cuando tienes un coche del que preocuparte, el problema del racismo se relativiza un poco. Alguno acabará votando al PP y no seré yo...

Mi caso es bastante más leve, casi contrario desde cierto punto de vista. Me estoy quitando de encima muchísimas manías. Una actitud "rojilla" ante la vida (gracias, Bolingo) no entra en la definición de manía y por eso la conservo, pero hace unos años me habría reído de quien me dijera que acabaría jugando a juegos de skate o de lucha 3D. Los rechazaba sin haberlos probado, como muchos otros vicios y cosas que ahora me encantan. Por supuesto, se puede odiar la importancia social de los deportes y la violencia y al mismo tiempo disfrutar con sus ficciones, pero para mí no ha sido tan automático como pueda parecer. Ayer hablaba de la pérdida de vergüenza, pero la cosa va más allá. No se trata tanto de vergüenza ante otros como de vergüenza ante mí mismo, cosa que soy cada vez más consciente de que es absurda.

Sin ir más lejos, me gustaría presentar en sociedad a mi lado femenino, a punto de apalizar y hundir en la miseria a un karateka de tres al cuarto...
 

¡Tekken 3!
Mi lado femenino contra Hwoarang

 

Enviado por Manu, 10:12 PM | Comentarios (5)
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11 de Enero 2004

Pajillas mentales: Sinvergüenza

Supongo que habrá formas peores de pasar un domingo por la noche que midiendo la luminosidad de un campo de estrellas mediante un programa de simulación, pero no se me ocurren tantas. Aquí estoy, delante del ordenador, esperando a que pasen los cinco minutos que --espero-- me darán unos resultados aceptables sobre una estrellita poco brillante y muy cabrona de las Pléyades. Y por mucho que he buscado, no hay ningún parche para poner el maldito programa de simulación en "modo dios" y hacer que el tiempo pase deprisa. Quién me mandaba a mí matricularme de Técnicas Observacionales de Astrofísica.

Leo en un post del blog de Anakinet que nos vamos haciendo viejos, que observamos conductas en los chavalines que nosotros mismos teníamos hace no tantos años y ahora nos parecen fuera de lugar, como ponernos cieguísimos y caer encima de la gente o romper cristales. Este fin de semana he podido observar en mí mismo un efecto adicional de los años: la pérdida de vergüenza. Cada vez me la traen más floja cosas como que unos desconocidos me puedan ver el rabo si me lo saco en un lugar público (mejor que nadie pregunte), o quitarme hasta la camiseta interior por una apuesta y bajar a la barra del bar de siempre a pedir un cubata con los pocos pelillos que tengo en el pecho asomando por la chaqueta. No habría bajado sin la chaqueta para cubrir mis michelines, pero tiempo al tiempo. Al final todos acabaremos como las abuelas que van de público a los programas de la tele y no se cortan en magrear las nalgas del azafato de turno a la primera ocasión que se presenta. (Digo yo, de todas formas, que si fuera un abuelo quien metiera mano a la azafata la cosa no quedaría sólo como una anécdota graciosa en los zappings.) Esas abuelas han tenido años para acumular la sabiduría necesaria y comprender que si te apetece mucho hacer algo, da igual lo que opine un 22% de share.

Al margen de detalles nudistas, los años te dan una cierta confianza. Ya ni me acuerdo del puro terror que provocaba "no encajar", no llevar la ropa apropiada, no utilizar las palabras de moda, no ser lo suficientemente lanzado con las chicas. Los años te enseñan a llevar tu ritmito, a mantener una coherencia (o, al menos, una actitud) y a no preocuparte tanto de que tu abrigo sea muy poco punki para los bares que frecuentas. Si los años tienen algo bueno, es que te alejan cada vez más de la adolescencia.
 

Las Pléyades

La constelación de las Pléyades
La estrella marcada es la hija
de puta que me ha tenido 20 minutos
midiendo fotones mientras escribía...

 

Enviado por Manu, 11:59 PM | Comentarios (2)
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8 de Enero 2004

Pajillas mentales: Wanderlust

Se acabó lo que se daba. Llegó el roscón de reyes y me devolvió de un guantazo a la rutina de siempre. Despertar, preparar una cafetera pasando frío, comer, dar clases particulares, cambiar de sitio las plantas que necesitan un fotoperiodo más corto, hacer un rato el vago, cenar, revisar Soul Music (o estudiar, que ya toca), cinco contra uno optativo y a dormir mis seis horitas. Aburrido, aburrido, aburrido, y más ahora que tengo los dientes largos con las historias de playas, cerros e islitas perdidas que Jose Luís se ha traído de Colombia.

Ahora que llevo tiempo sin darme unas vacaciones lejos de casa, me convenzo cada vez más de que mi cerebro necesita esos respiros, esos saltos en la inercia que solamente vienen de ver lugares, ambientes nuevos. La situación ha cambiado, ya no tengo amigos que estudien fuera de Castellón (aunque sí que trabajen, pero eso ya es otra cosa) y en cuya casa pueda pasar unos días de visita por un módico precio en transporte y comida. Las esperanzas se reducen a la Santantonà de Vilanova, donde espero que el alcohol en sangre no provoque combustiones espontáneas al saltar las hogueras, y a los carnavales de Vinaròs, todavía lejanos. Pero esas cosas ya casi han pasado a formar parte del algoritmo estándar, igual que el Viña Rock nuestro de todos los años.

A lo mejor toda esta ansia viajera no es más que un mecanismo defensivo. Una forma que mi cabezota tiene de evitar pensar en exámenes, plazos de entrega y problemillas económicos. De todas formas, cada vez veo con mejores ojos el plan de Susana de hacer el camino de Santiago este verano, aunque sea año xacobeo y no vayamos a encontrar albergue ni hartos de vino. De momento, mejor me voy a casa a mover macetas y luego me pego un viajecito en tranvía colgando carteles para dar clases particulares. Si al menos las calles de València no fueran tan feas...
 

Imagen que no viene a cuento:

Etiqueta del roscón de este año
Bonitas advertencias navideñas

 

Enviado por Manu, 7:21 PM | Comentarios (0)
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1 de Enero 2004

Pajillas mentales: Expectativas

No sé porqué será, pero siempre acabo las fiestas de nochevieja con un regustillo amargo en la boca, y no es por nada que haya tomado o devuelto. Es que siempre pienso que la fiesta podría haber sido mejor. Al fin y al cabo, es de las que más preparación llevan, de las más caras, de las que más gente convocan y... bueno, y que es nochevieja y punto. Tiene que ser algo exagerado. Pero luego decides marcharte de allí a las 10 de la mañana del día 1 de enero y, en el coche del pardillo que te lleva, piensas que te sabe a poco. Has bebido, has fumado, casi has estado en una bronca discotequera en Peñíscola, has tocado los culos de tus amigas, has reído. Y de alguna forma todo sigue siendo poca cosa.

La situación me recuerda a cuando estrenaron la película Muertos de Risa, de Álex de la Iglesia. El anterior éxito del cine español había sido Airbag y supongo que todo el mundo se estaba esperando Airbag II (o eso me pareció a mí), aun más saliendo el Gran Wyoming y Santiago Segura. No fui a verla al cine, en parte porque todo el mundo iba diciendo que era muy mala, pero de alguna forma no me lo acabé de creer del todo. La alquilé en video algún tiempo después y me encantó, supongo que porque la vi sin prejuicios, una tarde de resaca como ésta, sin esperar demasiado de ella. Humor negro desatado; dos personas que se odian hasta extremos ridículos. Un peliculón.

Pero no veo la forma de ir a una fiesta de nochevieja sin prejuicios. Posponerla unos meses hasta que salga en video tampoco tendría mucho sentido. Supongo que lo mejor en estos casos es, simplemente, evitar pensar a posteriori. Aguantar lo que el cuerpo aguante, irte a dormir sin saber ni cómo te llamas y hacer buena la máxima del borrachuzo: "No me acuerdo de nada, así que tuve que pasármelo bien". De anoche lo recuerdo casi todo, y lo cierto es que me divertí con ganas, pero esta mañana (de hecho, hasta ahora mismo que le he dado un par de vueltas al tema) tenía ese mal sabor de boca. El año que viene, 25 cubatas en vez de 20 (conste que empezamos a beber a las 7 de la tarde), y que este sea mi único propósito de año nuevo porque será el único que tengo posibilidades de cumplir.

Ah, y feliz 2004 a todos.

Enviado por Manu, 10:10 PM | Comentarios (6)
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24 de Diciembre 2003

Pajillas mentales: Santa y Cupido

La tradición manda (y manda pero mucho) que estas fiestas sean casi una apología de la familia, delito que debería estar tipificado en el código penal aunque sea solamente por las burradas que algunos descerebrados llegan a decir en su nombre. Es una celebración sobre la que no consigo definirme: tiene argumentos a favor (buen rollo generalizado) y en contra (consumismo, también generalizado), pero ninguno se impone de manera clara sobre los demás. Me pasa como con la democracia, que cuando intento definirme al respecto solamente me sale un "podría ser peor".

No es que tenga una familia horrible, pero tampoco es bueno para la salud mental pasar demasiadas horas escuchando las mismas historias sobre lo que yo hacía de crío y lo bien que distinguía los colores. Por suerte, todavía se puede evitar la saturación familiar. En nochebuena, después de cenar en casa de una abuela y visitar a la otra, tengo una tercera tradición establecida. Con el estómago lleno, robo una botella de cualquier bebida espumosa y la llevo a cierto pub de Castellón cuyo piso de arriba se convierte, una noche al año, en zona franca. La botella se reúne allí con muchas otras traídas por individuos de la peor calaña y, al cabo de poco tiempo, es abandonada en favor de los cubatas cuando el sistema digestivo decide que una sobredosis de cava no es lo más conveniente después de una cena copiosa. En otras palabras, ya que no hay vida después de la muerte, al menos hay fiesta después de la familia.

Lo que me preocupa un poco es que, cada vez más, esto va a menos. Es la versión extendida del mismo sentimiento adolescente de "todos se echan novia y la pandilla se va a la mierda", pero con 26 años. Belén está casada y casi fuera de combate. Un día de estos se casa Oriol. Aunque ninguno de los dos lo haga por las razones establecidas ("te amo, te amaré siempre y tú chupa que yo te aviso"), el hecho es que acaban de fundar sus respectivas familias, y quieran o no, se verán condicionados por ello. La tradición es más poderosa que la ley. Por si fuera poco, Mónica (una mujer con la que Susana y yo solíamos pedir litros de cubata y tres pajitas para acabarlos del tirón) está embarazada, concepto que añade una nueva dimensión a mi angustia adolescente. La cosa va a más. Cupido arrasa.

De lo que deduzco que mi postura sobre la navidad cambiará a peor a medida que pasen los años y cada vez haya menos botellas de sidra en el altillo del pub. Y no será culpa de Santa, sino de Cupido. Cada año me doy más cuenta de que corro el riesgo de acabar convertido en el Espíritu de las Navidades Futuras, el que vuelve atrás en el tiempo botella en mano para avisarse a sí mismo del riesgo que corre su navidad y su cordura. Debería tomar medidas al respecto ahora y empezar a romper parejas a la voz de ya, conseguir munición y apedrear a ese angelito gordo, pero soy consciente de que esto no es más que cierto miedo a la soledad, otro de tantos temas recurrentes en estas fechas que (supongo) olvidaré después de reyes. Creo que, por enésimo año consecutivo, lo dejaré pasar. Pero el próximo no te escapas, alitas.
 

Lobo Paramilitary Christmas Special
Jo, jo, rajado jo...

 

Enviado por Manu, 5:23 AM | Comentarios (4)
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9 de Diciembre 2003

Pajillas mentales: Regalos

Llueve. Seguirá haciéndolo cuando salga de mi cybercafé privado para marcharme a casa a dormir un poco, y todavía no me he resfriado en lo que llevamos de invierno. Conociéndome, no dudo que mi cuerpo (el muy cabrón) esperará a fechas más señaladas para dejar entrar los virus. Hoy puedo mojarme tranquilo, que mañana me iré a dar clases particulares fresco como una rosa.

Mi puente de la constitución ha consistido en celebraciones (bodas de plata en una familia, cumpleaños en la otra) y, claro, en sus consiguientes regalos, presagio de lo que se nos viene encima. Normalmente aprovecharía este pie para soltar una diatriba anticonsumista, antisistema y antitó, pero supongo que el tema ya está bastante trillado. Lo curioso es que cada vez veo más gente que se resiste al disco o a la figurita de tienda de artesanía y se lanza a hacer regalos más elaborados. Regalos que llevan pegada la etiqueta de "me he pasado una tarde preparándolo" y no la de "me he dejado medio sueldo". Hablo de cajas llenas de paquetitos envueltos que muchas veces contienen otro envoltorio, una foto, condones de la jornada antisida, un Shin-Chan que canta al apretarlo, un CD grabado o un tanga de fantasía. No sé si será algo común, pero parece que hay cada vez más gente que tiene en mayor estima su tiempo que su dinero, al menos a la hora de intentar expresar torpemente, con un objeto, su estima por otro. Y yo el primero. El tiempo vale mucho más que el oro, y que le den bien por culo al Corte Inglés.

Sin embargo, esas cosas tan curradas pueden acabar siendo simples trastos. El collage de fotos que hicieron sus amigotes a mis tíos no se quedará en ninguna de sus paredes, sino en el trastero. Pero sé que Belén atesora el álbum de fotos que le preparamos para su despedida de soltera (a la que he de decir que fui el único hombre invitado), donde reescribíamos su historia como cyborg enviado por el Vaticano para defender los valores del matrimonio. El truco, como siempre, está en la otra persona.

Yo antes guardaba recuerdos: llenaba las estanterías de cosas a las que mi alzheimer, el alemán cabrón, robaba el significado al cabo de un año. La evolución natural y la falta de espacio han hecho que ahora, prácticamente, sólo permanezcan los libros, los discos y la ropa interior (aunque esto último no en la estantería). Lo demás, al no llevar etiqueta firmada, ha perdido el sentido. Conservo los peluches pero a veces no recuerdo de quién provenían, y al cabo del tiempo acaban arrinconados por otros peluches más nuevos cuya procedencia también olvidaré. Preferiría conservar la memoria, pero la muy cabrona me rehuye y nunca estoy seguro de que vaya a permanecer nada en ella aparte de unos morreos furtivos una noche cualquiera, que mira por dónde, no se olvidan. De ahí que guarde las cartas que recibí antes de internet, una botella vacía de Jack Daniel's, un billete de tren a Alicante o un CD que grabé con Javi para nochevieja.

Lo cual no significa en absoluto que todo lo demás sea basura: aprecio el tiempo (e incluso el dinero) perdido en hacerme un regalo. Y quiero pensar que un libro que regalo no es sólo texto y dinero, sino más bien cavilación y tiempo, aunque tienda, como buen borrego, a hacerlo en fechas señaladas y no cuando me apetece. Pero claro, eso ya no depende de mí. Es sólo que tengo muy mala memoria y no todo el mundo está cualificado para meterme la lengua en la boca.

Coño, ha dejado de llover. En el fondo daba igual.

Enviado por Manu, 5:04 AM
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4 de Diciembre 2003

Pajillas mentales: Por teléfono

El viernes pasado cumplió años una amiga a la que hace mucho que no veo. Siempre anda haciendo cosas por el mundo (India, Nepal, Sevilla, Cádiz ahora) y la verdad es que hablamos mucho menos de lo que deberíamos. Ninguno de los dos somos demasiado aficionados al teléfono ni a las tradiciones, pero el cumpleaños era una buena excusa (como si me hiciera falta) para hablar un rato con ella. Descolgó el teléfono, se nos fueron 10 minutos y fue como si no hubiera pasado el tiempo. Podríamos haber tenido la misma conversación si nos hubiéramos visto ayer. Exactamente la misma, porque nos dedicamos a contar anécdotas más que a saber de la vida del otro. Puede sonar frívolo, pero creo que es justo lo contrario.

El teléfono no está para las cosas serias. Se puede usar para vender tu 50% de participación en Cagontó Enterprises, pero no para contarle a un amigo que (por ejemplo) por culpa de no comer carne te están saliendo vaginas por todo el cuerpo [1]. Esas cosas se cuentan a la cara, en un rincón discreto de un bar (para que nadie repare en tus vaginas) y con una cerveza delante, nunca mirando a la pared mientras hablas con una máquina. Puedes decirle a un teléfono frases como "¿Quedamos dentro de un cuarto de hora?", "Mañana es mi cumpleaños, ven a cenar" o "¡Vende!", pero jamás se me oirá decirle "¡Dios mío, espero que no menstruen todas a la vez!".

Un amigo mío trabajó una temporada en Movistar y, por supuesto, se dedicó a cotillear los registros de sus conocidos [2]. El fulano en cuestión tenía una amiga muy, muy pija que se había dejado cerca de 300.000 pesetas en llamadas y mensajes de texto. ¡En un mes! Los móviles son un invento del diablo... y a mí me parecen estupendos, como casi todo lo que inventa ese cabroncete, pero sospecho que a los padres de esta chica no se lo parecerán tanto. La idea que hay detrás de la telefonía móvil es que no haga falta estar en casa para desmbolsar la pasta que cuesta una llamada de media hora. Dame tu dinerito desde donde quieras y de mil formas distintas, utiliza nuestro nuevo servicio gilipollas de reconocimiento de canciones, envía "Mamada" al 7337 o recibe un mensajito cada vez que tu equipo marque un gol. A Amena, conmigo al menos, el invento le ha salido rana. Ahora puedo proponer un plan para el fin de semana mediante un SMS interurbano y esperar confirmación en forma de llamada perdida. A grandes rasgos esa es la gran utilidad del movil.

Aunque admitiré un par de excepciones: 1) Tengo mucha curiosidad por saber lo que ocurre cuando envías "Mamada" al 7337, así que tarde o temprano acabaré haciéndolo, ya contaré, y 2) no me importa pagar para que Anita me explique que está cabreada porque sus amigas no se aprendieron sus partes del relato que escribió para un cuentacuentos, que irme en tren a Cádiz sería mucho más caro. Pero esperaré hasta navidades para que me explique su verdadera historia, la que no se convertirá en ceros y unos mientras ella no quiera. Sólo espero que no alucine demasiado con estas llagas tan raras que tengo por todo el cuerpo...

--
[1] Sí, anoche vi South Park. Volver.
[2] No fue expedientado ni despedido, supongo que porque ninguna conocida suya iba a emparentar con la realeza. Volver.
 

Enviado por Manu, 10:59 PM | Comentarios (2)
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25 de Noviembre 2003

Pajillas mentales: Fama y gloria

Me cuentan que aparezco en los créditos de la reedición de El Segador, de Terry Pratchett, que acaba de salir a la venta. Salgo como revisor, debajo de la traductora y de un "agradecimiento" a otra editorial por ceder la traducción para que yo le metiera mano. Suscribo el agradecimiento: me gustó mucho meterle mano, obtuve beneficio de ello y ahora se me hace una mención pública. Como a Cleopatra, o a Marilyn.

Me gustaría mostrarme indiferente ante el hecho de que mi nombre aparezca en miles de libros, pero he de decir que no puedo. Sé que no cambia nada, que también revisé los dos libros que publicaron antes (en los que no se me nombra) y que quienes tenían que saber eso, ya lo sabían. Todo muy lógico y cabal, pero la mente humana no funciona así. Cierto vampirillo me decía en el foro que me he ganado un pequeño lugar en la estantería de su cuarto. Me encantó. La gente me da la enhorabuena y, aunque es por la tinta que ha gastado la editorial en poner mi nombre y no por lo que de verdad he hecho, me sigue encantando. Lo mejor, sin duda, es que quienes me quieren (y se han enterado del tema) se alegran; y de sus "ya era hora" sólo puedo deducir que es porque aprueban que se me reconozca. Digo yo que no será tan frecuente que se nombre al revisor en los libros, si la gente se queja de que muchas veces no aparece ni el traductor. Más puntitos para mi marcador de ego, que hoy anda en límites peligrosos.

Al mismo tiempo, la mención me acojona un poco. Todo esto ha coincidido con el momento de ponerle estadísticas al blog para satisfacer mi curiosidad sobre tí. Ahora pierdo algo más de tiempo (y ya perdía bastante) mirándolas, y he descubierto que hay alguien ahí fuera que llegó aquí buscando "Weblog Manu Viciano" en Google. No es significativo --al fin y al cabo, también entró alguien buscando "padre analfabeto"-- pero da vértigo, y más teniendo en cuenta que casi firmo esto con nombre y DNI.

Pero ya se sabe que el remedio contra el vértigo (y contra la resaca) es intentar volar. Señores paparazzi, si quieren esperarme a la puerta de casa para sacarme en la portada del Qué me dices y la Superpop, les daré gustosamente mi dirección. Pónganme al lado de Britney Spears.
 

Imagen que no viene a cuento:

Dibujito que me hizo mi hermana durante una comida familiar
Mi hermana me quiere, pero sabe reconocer
a un cabeza de hogaza cuando lo ve...

 

Enviado por Manu, 3:39 AM | Comentarios (4)
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12 de Noviembre 2003

Pajillas mentales: Disculpe, señor

A todo el mundo le ocurre, supongo, al pasar de los 20 o 22 años. Vas por la calle y un chavalín de instituto se tropieza contigo, y entonces te dice: "Disculpe, señor". O te habla de usted para pedirte una dirección. O algo. Normalmente me tomo estas cosas con alegría y algo de cinismo, más que nada porque a los 16 años yo también pensaba que a los 25 se es un viejo, y mírame ahora. Estos nueve años se me han pasado en diez minutos, y a ese chaval le ocurrirá lo mismo. Pero claro, a los 16 nadie que no tenga 16 está en tu onda. Ahora he fijado la edad límite para afirmar que alguien es "mayor" en los 40 años porque soy algo más sabio (digo yo) y quiero dejar que pase más tiempo antes de tener que contradecirme.

El caso es que, como todos los martes, iba yo en metro a dar clases particulares. Para variar un poco, y pese a que no me conviene para los transbordos, me he puesto en la parte de delante del vagón. De pie, porque no había más remedio, miraba por un cristal el cuadro de mandos del cacharro y las vías que se extendían por delante. Cuando el metro se ha metido bajo tierra y el conductor ha encendido las luces, los túneles decrépitos parecían sacados de una película de terror barata. Cada vez que el metro aceleraba y bajaba la intensidad de los focos, yo disfrutaba como un crío. Era una montaña rusa chapucera, pero barata.

Y justo entonces, en un frenazo, una chica se ha tropezado conmigo y me ha soltado el famoso "disculpe, señor". No era una quinceañera. Debía tener mi edad o tal vez uno o dos años menos. Me imagino que lo diría porque no me veía bien, porque yo tenía la cabeza girada hacia el cristal de la cabina, pero me ha impresionado porque ha sido justamente en un momento en el que disfrutaba como un chiquillo. Tampoco es que le haya dado mayor importancia, pero me ha vuelto un par de veces a la cabeza mientras jugaba a moverme rápido y adelantar hábilmente a la gente en los andenes y las escaleras mecánicas.

La mala vida debe estar dejándome senil.
 

Bono-metro de los caros, maldita sea
El ticket de la montaña rusa.

 

Enviado por Manu, 2:23 AM | Comentarios (2)
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5 de Noviembre 2003

Pajillas mentales: Acumulando rabia

Tengo una teoría sobre la rabia. No es muy original ni tiene más base científica que la observación, pero es la mía.

La furia en sí no es mala. Lo peligroso es la falta de control sobre ella. Todo el mundo se cabrea; la vida cotidiana es tan miserable a veces que no podemos evitar que los diez picotazos de cada día nos lleven a querer prenderle fuego al panal entero, por muy gilipollas que sea esa actitud. El asunto no es no enfadarse por nada, porque eso es imposible. Nos enfadamos, es un hecho, y puede ser útil porque sin rabia David no habría vencido a Goliat ni Goku a Freezer. El problema viene cuando no hay Freezer contra quien luchar o cuando uno no sabe controlar sus explosiones y acaba gritándole a quien quiere, buscándose otro David más pequeño o simplemente volviéndose mezquino. Un ser mezquino no es más que alguien cuyo depósito de furia hace aguas (lo que le hace incapaz de tener estallidos controlados) y se limita a manchar levemente a quienes le rodean, continuamente, todo el tiempo.

La clave es el control. Hay gente incapaz, como en todo: un ejemplo serían los skin-heads. Otros tratan de disipar los rencores haciendo ejercicio o, en menores dosis, yendo a un salón recreativo y echando unas partidillas al Time Crisis II pistola en mano, esperando a que aparezca un objetivo a batir para el que cerebro y entrañas se pongan de acuerdo. Y supongo que los más sabios serán capaces de administrarla, de enfocar bien la rabia y soltar la dosis justa cuando es necesaria. Seguro que hacen algún tipo de entrenamiento zen y acaban levitando, trascendiendo y siendo felices, los muy cabrones.

Todo esto viene a cuento porque el crío al que doy clases me pone cada vez más nervioso. Los transportes públicos valencianos (RENFE incluida) son mezquinos y me desean la desgracia. Los telediarios no hablan de otra cosa que de la princesita Ortiz, y a mí tanta monarquía me cabrea. Y jugar al Time Crisis II, ahora que los cyber-cafés están extinguiendo a los recreativos de toda la vida, está cada vez más difícil.
 

Enviado por Manu, 6:30 PM | Comentarios (1)
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31 de Octubre 2003

Pajillas mentales: Sabiduría popular y tías buenas

Ayer, cosas de la vida, fue un día típico (aburrido, vamos) y raro a la vez. En su momento no me di cuenta que había incluido grandes momentos de iluminación pero después de cenar lo vi claro. Todo encajó como un gran puzzle cósmico. Como cada jueves, me fui en metro a dar clases particulares. Esperando en la parada me senté al lado de un par de abuelos que, creía yo, hablaban de sus achaques. Pero no. Eran sabios debatiendo. Uno de ellos decía que cuando el cuerpo se cierra, se cierra, y que ya puedes intentar ir al servicio tanto como quieras porque está cerrado. Contaba que se lo había dicho su padre una vez que estuvo enfermo y se le cerró el cuerpo. Qué cosas.

Tuve que coger el metro y les dejé allí en el banco, compartiendo una iluminación que las obligaciones mundanas me quitaban a mí. En el vagón empecé a ser testigo de algo que no encajaba. La proporción de tías buenas era pasmosa. No sé si fue algo que ocurrió solamente en Valencia o es que la Asociación Nacional de Tías Buenas decidió ocupar los transportes públicos españoles con algún oscuro propósito. Habrá que investigarlo. Y cuando estaba totalmente perplejo, ya de noche, volviendo a casa, de nuevo fui iluminado. Una señora agarraba del brazo a otra después de despedirse y le gritaba: "Recuerda bien, un mal apaño es mejor que un buen juicio".

¿Las conclusiones? Por una vez, no las tengo. Supongo que se reducen a que voy algo salido últimamente y que las casualidades existen. O a que en un día de iluminación como ayer alguien debería haberme explicado cómo comportarme en un caos de tías buenas y escaleras mecánicas; pero supongo que no tengo suficientes puntos kármicos.

Enviado por Manu, 4:44 PM | Comentarios (2)
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23 de Octubre 2003

Pajillas mentales: Malditos críos

Llevo un par de semanas dando clase a un chavalín de 12 años. Necesito el dinero (problemas de la independencia autoimpuesta), porque de lo contrario no habría aceptado en la vida. El caso es que ya había tenido experiencias negativas con una chavala de 15 años a la que enseñaba matemáticas hace tiempo. Contra su voluntad, por supuesto, pero al fin y al cabo quienes me pagaban eran sus padres. Era caprichosa hasta el infinito, supongo que como todos a esa edad, pero el día que se pasó media hora repitiendo todo lo que yo decía y la otra media hora callada (porque yo me limitaba a mirar a la pared) dije basta. Una y no más.

El chavalín que tengo ahora se llama Iván, alias "el terrible" según su madre. En teoría le doy clases de inglés, porque lo aborrece y no lo estudia. En la práctica, por supuesto, nunca tiene deberes de inglés y su profesora del colegio falta mucho a clase. Claaaaro. Así que, simplemente, le ayudo a hacer los deberes que tenga, sean de la asignatura que sean. Pero ni con esas. El pobre intenta vacilarme, pierde el tiempo, va más lento de lo que es capaz porque cree que así pasará antes la hora que pasamos juntos dos veces por semana.

Al principio pensé en ir de colega. Le hablé de los juegos que tengo de PlayStation, y esas cosas. Le prometí que le grabaría el Final Fantasy VIII. Funcionó durante un día, y entonces me di cuenta de mi error. El día siguiente fue el peor de todos. Recapacitando un poco, me he dado cuenta de que en realidad no pretendo ser su colega, sino que haga los deberes y no se ponga borde, porque es un engorro tener que levantarle mi propia voz o recurrir a la más autoritaria de su madre. Así que he recurrido a convertirme en un mafioso: sobornos, amenazas y extorsiones. El último día me montó una buena, así que hoy, cuando me ha preguntado por el Final Fantasy, le he explicado porqué no se lo he llevado. Cuando hace los deberes despacio a propósito, le digo que si no los acaba antes de equis tiempo, lo siguiente que haremos es repasar la pronunciación del inglés. Si se pone muy borde, comparo su actitud con la de "una alumna repelente que tenía hace tiempo". Si eres un crío de doce años, que te comparen con una chica caprichosa surte su efecto.

De momento va bien. Puedo haber encontrado la panacea contra la tontería de la preadolescencia, o puede que el martes que viene vuelva a caerme con todo el equipo y tenga que sufrir una hora entera por 10€ de mierda. Ya veremos.
 

Imagen que no viene a cuento:
Cartel que he encontrado hoy en una parada de metro
Vale. Tú lo has querido.
PARÁSITA.

 

Enviado por Manu, 9:37 PM | Comentarios (0)
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22 de Octubre 2003

Pajillas mentales: Más freak que el infierno

FREAKIER THAN HELL

Hoy ha sido un día completamente freaky. Recapitulemos. (1) En el capítulo de Los Simpsons intervenía Mark Hamill (luciendo un sable de luz que no podía romper porque era de George Lucas), y le decía a Homer que utilizara el tenedor ("Use the fork, Homer"). (2) Mi compañero de piso, Pau, se ha traído unos folletos publicitarios antiguos de los Masters del Universo que ha encontrado en casa de sus padres. En ellos aparecían He-Man Puño de Trueno y demás héroes, los malos, los hombres-serpiente y Hordak y sus secuaces, que no son ni buenos ni malos pero se pegan con todo el mundo. Los nombres de los muñecos no tienen desperdicio, y nada más pueda escanearé todos los folletos y los pondré aquí, que sería una pena que se les cayera café encima o se quemaran de un chinazo. Y (3) resulta que en el Tony Hawk Pro Skater 2 para PlayStation, al pasarte el juego con un skater de creación propia, liberas un nuevo personaje para poder patinar con él: Spiderman. Es un gustazo. Le puedes poner cuatro trajes diferentes y tiene movimientos especiales en los que, saltando con la tabla, la tira, la engancha con una telaraña, le da una vuelta a su alrededor y vuelve a ponérsela bajo los pies para caer sobre la rampa. Además de tener la agilidad proporcional de una araña, por supuesto.

Total, que me voy a la cama reconciliado con mi núcleo de freakismo interior. Creía que ya no era tan freaky como antes, pero me doy cuenta de que sí, aunque de otra forma. A los 15 años me emocionaba con cualquier cosa: decía "mola" cada vez que salía un superhéroe hiper-poderoso, o cada vez que Raistlin se las apañaba para salir con vida después de las putadas que hacía a todo el mundo. Ahora, cuando alguien me dice que Maximum Carnage es genial porque Spiderman y Veneno se tienen que aliar para derrotar a Matanza, pienso que no será para tanto, y sé que las novelas de Dragonlance son más bien malillas.

Pero me gusta que un capítulo de Los Simpson en el que aparece Mark Hamill termine con la canción de El Guardaespaldas mientras Homer rescata a Luke. Me gusta leer la biografía de Spiderman en el Tony Hawk [1] y comprarle un monopatín con un dibujo de la Gata Negra. Y a riesgo de parecer un carca, afirmo y afirmaré que los Masters del Universo eran infinitamente más divertidos que los putos Action Man.

--
[1] "Desde que a Peter Parker le picó una araña radiactiva y obtuvo poderes arácnidos, se dedica a hacer skate y a combatir el crimen". ¡Demencial!
 

Enviado por Manu, 11:50 PM
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20 de Octubre 2003

Pajillas mentales: Ineptitud

Esta mañana me he levantado bien pronto, me he venido a Burjassot y caminaba con el tiempo justo hacia la facultad. De pronto he recordado que, ya que iba a ir a clase, lo más conveniente sería llevar bolígrafo para poder tomar apuntes, así que he entrado en una papelería. Por delante de mí había una señora comprando Airon-fix (TM), papel para forrar superficies. Ella y la dependienta se lo estaban tomando con una pachorra impresionante, decidiendo entre las dos qué tipo de papel convenía para forrar no sé qué. Yo solamente quería un par de bolis, pero me he esperado al menos 10 minutos mientras elegían y cortaban cuidadosamente el papel porque era muy de mañana y sabía que, si decía que iba con prisa y que me atendieran primero, no sería con palabras amables.

Es curioso cómo toleramos la ineficacia. Por lo general, la miramos con benevolencia. "Bueno, el pobre hombre no sabe hacerlo mejor, qué se le va a hacer". "Total, tampoco pasa nada". Pero la toleramos sólo mientras no nos afecte directamente, o mientras no lo haga en exceso. No sé al resto de la humanidad, pero a mí me pone nervioso estar esperando en la cola del cajero automático mientras alguien no se aclara con las opciones que hay en pantalla y no hace más que mirarla con los ojos muy abiertos. Me entran ganas de ir y apretarle yo los botones. Y no digamos ya si utiliza la libreta de ahorro en lugar de la tarjeta, y el cajero le obliga a actualizarla antes siquiera de preguntarle qué quiere hacer. Sé que no debería cabrearme, que en el fondo no es culpa del pobre hombre sino del banco que le obliga a usar el cajero si no quiere cantidades enormes de dinero. Sé que está feo sentirme un poco superior porque mis operaciones bancarias duran menos de 10 minutos, pero no puedo evitarlo. Sé que el estanquero no es tonto, es solamente que es un poco duro de oído y todavía no se ha aprendido qué marca de papel de fumar utilizo. Tendría que tomármelo con más calma.

En cambio, no me importa esperar a un amigo en una plaza, y mucho menos en un bar. No me importa hacer cola en el cine. Me da igual que tarden en atenderme cuando pido algo en una barra. Me imagino que, en el fondo, lo que me fastidia de los cajeros o las papelerías es estar esperando para poder hacer algo que ni siquiera me interesa demasiado.
 

Mi papel favorito
Imagen que
no viene
a cuento

 

Enviado por Manu, 6:39 PM | Comentarios (2)
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9 de Octubre 2003

Pajillas mentales: Porqué un blog

No, ahora en serio, me gustaría saber que lleva a una persona a escribir sus pensamientos/vivencias/etc en un sitio público como es el internete este de los cojones. En cambio, sí se lo que me lleva a leerlo periódicamente: El cotilleo puro y duro. Después de algunos años colaborando no está mal saber un poco más de la persona que se esconde al otro lado de los e-mails.

- Blackadder, comentario en este blog.

La verdad es que no me lo había preguntado hasta que leí ese comentario. Simplemente me apetecía tener un lugar donde escribir las cosas que me pasan por la cabeza y lo creé sin darle más vueltas.

Ahora se las he dado, aunque el autoanálisis no ha sido nunca lo mío (por mucho que lo intente a veces). He encontrado varios motivos, pero no son las razones por las que tengo este blog, sino explicaciones que se me han ocurrido a posteriori. La razón es que, simplemente, me apetecía. Las explicaciones son variadas...

1. Para recordar. Tiendo a olvidarme de las cosas. Muchos pensamientos que me pasan por la cabeza se me han olvidado al día siguiente. Muchas veces no recuerdo en qué acampada tuvimos que atravesar un zarzal porque mi colega Joe decía que era un atajo. Supongo que el blog puede actuar de antídoto contra mi alzheimer juvenil.

2. Para reírme en el futuro. Mi manera de pensar ha cambiado bastante desde que tengo uso de razón. La postura ante la vida viene a ser la misma, pero los argumentos no. Ahora recuerdo algunas discusiones que tenía con mi padre a los 16 años y me doy cuenta de que podría tumbar aquellos argumentos que yo mismo utilizaba, y sin sudar una gota. Aunque en el fondo yo tuviera razón entonces. Por la misma regla de tres, creo que puede ser curioso (y sano) leer estas cosas dentro de unos años y reírme de lo capullo que era. En el peor de los casos, si acabo convirtiéndome en un burgués conservador preocupado por su coche, este blog actuará de último recurso, de mosca cojonera que me recuerde lo que era.

3. Para escribir y que alguien lo lea. Me gusta escribir, y no lo hacía todo lo que me gustaría porque, total, ¿para qué? ¿Qué sentido tiene tener el disco duro lleno de pajillas mentales que sólo tú leerás alguna vez? Aquí, quien guste puede leer las tonterías que escribo e incluso dejarme sus propios comentarios, que por cierto me gusta bastante recibir.

4. Porque le he cogido el gusto a desnudarme. Creo que esta es la explicación que más se acerca a las auténticas razones por las que escribo aquí. Hace dos o tres años me di cuenta de que era un pavo. Exagero. Me di cuenta de que me preocupaba un poco demasiado de la opinión que los demás pudieran tener sobre mí, y en cierto modo me comportaba según las expectativas que tenían otros. Expectativas que yo mismo había creado, claro, pero que no reflejaban ya mi forma de ser, necesariamente. Me llevé un par de hostias fuertes, y las hostias siempre te hacen reconsiderar las cosas. Dejé de ser simpático y majo con absolutamente todo el mundo (aunque han sido pocas las personas a las que he mandado a la mierda), de rehuír todo enfrentamiento, de esconder mi opinión cuando no hacía falta hacerlo. Seguiré mintiendo cuando sea necesario, diré que soy trabajador y eficiente en cualquier entrevista de trabajo, me callaré la opinión que me merece ese grupito de makineros ciclados que me acaba de llamar guarrillo al pasar por su plaza. Pero no mentiré cuando no deba hacerlo.

Y cuando te empiezas a desnudar, cuando te das cuenta de lo agradable que es la brisa dándote en los cojoncillos, ya no lo puedes dejar. Cualquier naturista dirá que lo hace por ser uno con el cosmos. A mí, simplemente, me gusta bañarme en pelotas.

El gobernador de California... ¡manda huevos!
Imagen que no viene a cuento:
Si esto hubiera salido en un capítulo de
South Park hace dos años, habría pensado
que los guionistas eran geniales...
 
Enviado por Manu, 8:56 PM | Comentarios (6)
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25 de Septiembre 2003

Pajillas mentales: [Se me olvidó poner título]

Noche del miércoles al jueves, 02:50

Manu, no te pongas en modo editor cuando pases esto al blog, que nos conocemos. Recuerda que yo también soy tú.

Llevo una del 15. He pasado la fase de risotadas con los colegas y ahora ellos se han ido a dormir y yo todavía no me he acostumbrado a acostarme tan pronto. Así que toca fase mística. He decidido hacerme el horario de clases del cuatrimestre para saber a qué atenerme cuando (espero) haya de empezar a poner hora a las clases particulares que (espero) daré. He registrado todas las carpetas y no aparecen los datos que necesito [1], pero he encontrado algunas cosas interesantes.

Resulta que conservé algunas cosas del instituto que ni siquiera recordaba. Tenía fotos, claro, y algunos objetos emblemáticos como una botella vacía de Jack Daniel's que me regalaron llena sin ninguna razón particular. Pero no sabía que había conservado folios de examen del I.B. Francisco Ribalta de Castellón, núcleo generador de un buen número de amantes de la fiesta y marginados sociales leves. Hay que ver. En COU fui lo bastante cabrón como para planear un ataque de nostalgia con ocho años de antelación.

Había algunas otras cosas en esa carpeta vieja: papel milimetrado que me recuerda que en el instituto ya había asignaturas que me pasaba por el forro [2], o una hoja de personaje en blanco de Rolemaster que me recuerda que va volviendo a ser hora de matar orcos. La misma carpeta está forrada con recortes muy buenos de El Jueves de aquella época. Pero lo único que supera al impacto de la hoja de examen ha sido un "no cambies nunca" que me dejó en el interior de la carpeta mi compañera de pupitre, la que escribía su nombre con Z y ahora lee el Mini Cosmopolitan en el tren. Y creo que la he obedecido, en el fondo. Como su autora.

--
Sí, incluso en mi estado escribo notas al pie. Debe ser patológico.
[1] Como las asignaturas de las que me matriculé el otro día. Volver.
[2] Sólo que entonces las aprobaba. Volver.
 

Enviado por Manu, 5:37 PM | Comentarios (3)
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13 de Septiembre 2003

Pajillas mentales: El blog de Bukowski

 

 Charles Bukowski
 
Se parecía a mi abuelo.

Acabo de pensar que si en tiempos de Bukowski (1920-1994, acabo de mirarlo) la red hubiera estado tan extendida como ahora, Bukowski habría tenido un blog. O puede que pensara que esto de los blogs es una mariconada, que las teclas de un ordenador son demasiado blandas para la literatura de verdad. Pero el caso es que encaja perfectamente con el cuadro del blogger típico, si es que tal cosa existe. Era un empleado sin cualificación como cualquier otro, borracho y mujeriego, pero escribía. Era un tipo que no permitía que su trabajo le estorbara las borracheras, y mucho menos que le definiera. Se inventó un nick, Henry Chinaski, y empezó a escribir relatos cortos sobre sí mismo en los que no se callaba ni una pelea de borrachos, ni un despido improcedente ni una tarde y un sueldo perdidos en el hipódromo.

Y en lugar de guardarse su autobiografía, escribir "Mi diario" en la tapa y partirle la cara a quien pillara leyéndola, quiso darla a conocer. Utilizó todos los medios a su alcance en la época, es decir, escribió para periódicos underground y poco más, y por eso creo que es muy posible que tuviera un blog si hubieran existido entonces. Aunque posiblemente sus editores le hubieran obligado a cerrarlo para tener la exclusiva de sus andanzas.

Ya me gustaría a mí beber, andar con mujeres y escribir la mitad de lo que él lo hizo (y la mitad de bien) y llegar a los 74. No caerá esa breva, no.

Enviado por Manu, 2:27 PM
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4 de Septiembre 2003

Pajillas mentales: La frase perfecta

Creo que los franceses tienen un concepto que se llama el "espíritu de la escalera". Consiste en que cuando te marchas de un sitio (cuando bajas la escalera) siempre piensas en lo que deberías haber dicho en algún momento puntual de la conversación. Una frase que expresara perfectamente lo que te pasaba por la cabeza, o una frase rompedora en lugar de la sarta inconexa que largaste.

El fin de semana pasado estuve en las fiestas del pueblo de una amiga (Vistabella, un sitio precioso) y, como de costumbre últimamente, me dediqué a soltar frases de ligoteo macarra a las amigas para hacerles reír. Harto del "¿Vienes mucho por aquí, guapa?", opté por esta otra: "Hola, nena. Yo soy un hombre de verdad, no un producto de gimnasio". Horrible, lo sé. Y como el tema de la frase perfecta me ronda la cabeza estos días, se me ocurrió que la respuesta perfecta era un "Ya se nota, ya". Se nota que no eres un producto de gimnasio, pero de alguna manera no niego que seas un hombre de verdad. Mi amiga Sara me dejó impresionado soltándome esa misma frase a la primera, palabra por palabra, sin pensarla.

Hay personas con más capacidad que otras para soltar la frase perfecta en el momento adecuado. Creo que depende de las distracciones, los miles de pensamientos secundarios que entorpecen a veces la línea principal. ¿Se mosqueará si digo eso? ¿Realmente tiene tanta gracia? Cuando resolvemos esas dudas, normalmente ya es demasiado tarde o hemos optado por largar la sarta inconexa para no mojarnos. Lo mejor es no dejar las frases en la recámara mientras las piensas, pero hay que ser muy buen conversador para acertar el punto justo que roza la impertinencia o el absurdo sin alcanzarlos. Y yo no suelo serlo. Tengo mis momentos, como todos, pero sin la ayuda del alcohol para anular esos pensamientos secundarios, muchas veces descubro la frase perfecta demasiado tarde.

Releeré el mensaje mientras me tomo otra cerveza, lo enviaré, bajaré las escaleras y me iré a la cama. Te espero aquí mañana, muñeca.

FeegleSpotting
Una imagen que no viene a cuento.
Pero está chula, ¿eh?
 
Enviado por Manu, 3:55 AM | Comentarios (6)
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27 de Agosto 2003

Pajillas mentales: El Comercial del Metal

Hoy me ha llegado la siguiente oferta de trabajo por correo electrónico:

Empresa: PEOPLE ETT - LEVANTE
Oferta: COMERCIAL SECTOR METAL
Población: chiva
URL Oferta:
(URL)

La cual, claro, me ha sugerido la imagen de un comercial vestido con vaqueros, camiseta de Manowar y greñas, que se dedica a beberse birras con sus clientes. Porque al fin y al cabo, un comercial no es más que un vendedor pero a una escala mayor. En lugar de vender peluches (pongamos por caso) a los clientes, se dedica a vender material químico (pongamos por caso) a las empresas cerámicas.

Pero me sorprende que siempre haya tanto trabajo de comercial y tan poco de cualquier otra cosa. Llevo unos cuantos meses buscando trabajo por razones que ya contaré otro día. Durante ese tiempo he comprado periódicos especializados, he enviado currículums a academias y me he apuntado a webs como InfoJobs que, supuestamente, te envían ofertas de trabajo que encajan contigo. ¿Por qué, entonces, sólo me llegan ofertas de comercial? ¡Si yo no me sé vender ni a mí mismo! Y no es sólo cosa mía: en los periódicos solamente hay trabajo de comercial.

Mi hipótesis (poco elaborada y muy rebatible; se me acaba de ocurrir) es que, por mucha economía de mercado, liberalismo salvaje, comercio electrónico, optimización de recursos y hostias en vinagre, siempre hacen falta vendedores que sean capaces de establecer una "relación humana" con la otra empresa. Gente que no se limite a dar una lista de productos, características y precios para que los estudien los analistas de la empresa cliente, sino que se planten allí con una muestra del producto, expliquen su funcionamiento y sobre todo hablen con la gente. En un mundo como el que nos quieren vender, un comercial es innecesario. Bastaría con que la empresa A enviara a la empresa B por e-mail esa lista de productos, características y precios y la empresa B decidiera si le interesa o no.

Y eso me da una cierta esperanza. Me hace pensar que el mundo empresarial no está tan deshumanizado como yo pensaba, que las empresas no son autómatas, sino grupos de personas, aunque en otros aspectos de la vida empresarial se note menos. Siguen necesitando a alguien que diga que "tenemos las mejores lechugas del mercado, oiga" y pregunte a la otra empresa cómo lleva su tía la operación de cadera. Tengo amigos comerciales y yo no lo sería por nada del mundo, pero su existencia, el hecho de que no hayan sido sustituídos por máquinas todavía, me tranquiliza un poco.

The Gods made Heavy Metal
and they saw that it was good
They said to play it louder than Hell
We promised that we would...

Enviado por Manu, 6:08 PM | Comentarios (5)
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